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SEGUNDO SEMINARIO DE LA DIMENSIÓN TRANSATLÁNTICA DEL IDIOMA ESPAÑOL – DOS
LENGUAS EN CONTACTO: ESPAÑOL E INGLÉS
Leticia Molinero © 2001
El Instituto Cervantes de Nueva York presentó en el
salón de actos del Banco Santander Central Hispano este seminario de tres
días que contó con la participación de académicos, lingüistas y traductores
de diversos países.
Humberto López Morales, secretario general de la
Asociación de Academias de la Lengua Española, inició las sesiones con un
análisis lingüístico de las voces nuevas que registran las academias
siguiendo una rigurosa disciplina de recopilación y clasificación. Amplió
sus descripciones con un poco de historia de los métodos de la Real
Academia, que han sido siempre inclusivos de todas las voces vivas. Al
referirse al espanglish concluyó que todavía no se había precisado con
exactitud en qué consistía dicho fenómeno.
En contraposición al presunto avance del espanglish,
López Morales observó un fenómeno generacional que tiene lugar actualmente
en Miami, Florida, donde se ha asentado un gran número de importantes
empresas españolas. Esto lo llevó a señalar que la nueva generación de
hispanohablantes ya no rechaza el español estándar, como la anterior, sino
que lo abraza y estudia porque entiende que el bilingüismo educado es lo que
ofrece las mejores oportunidades de prosperar en la sociedad estadounidense.
El segundo día de sesiones dio lugar a cuatro
ponencias muy diferentes. Odón Betanzos, presidente de la Academia
Norteamericana de la Lengua, se refirió al espanglish como «mezcla deforme y
alterada» y denunció «el torrente de anglicismos que está asfixiando al
español». El profesor Ricardo Otegui (CUNY), que lleva ya más de 20 años
estudiando los contactos entre las dos lenguas, insistió en que el vocablo
espanglish «no es útil» para calificar al conjunto de fenómenos que
acompañan al contacto entre las dos lenguas, y habló de la irremediable
subordinación del español al perder la referencia y la continuidad
comunicativa con el país de origen. Otegui señaló la necesidad de reforzar
la enseñanza del español en Estados Unidos, empezando por Nueva York (con
sus dos millones de hispanos).
Leticia Molinero planteó la relación entre las dos
lenguas desde el punto de vista de la traducción. Para caracterizar este
contacto indicó dos extremos: por un lado lenguas autónomas, incontaminadas
(español e inglés) y por el otro el espanglés, que ya no es español
propiamente dicho. Entre estos dos extremos, el traductor enfrenta una serie
de dificultades debido a las continuas ingerencias del inglés en el español.
La ponencia de Leticia se publica en la página 4.
La jornada concluyó con la desafiante ponencia del
profesor Ilán Stavans, de Amherst College, quien defiende y propone
vehementemente al espanglish como "nuevo idioma", producto de la creatividad
de un sector demográfico en transición entre culturas y lenguas. Para
demostrar más vivamente su postura, Stavans se expresó cambiando de código a
cada oración: «No se puede ningunear la realidad lingüística de los hispanos
in this country. Estamos ante una generación que no pide disculpas for the
language they are using». De un solo saque atacó la postura académica que se
pregunta si el espanglish existe como objeto de estudio, y al mismo tiempo
caracterizó al fenómeno como manifestación generacional.
En la tercera jornada, Jooaquín (Jack) Segura habló
del espanglish como reto al español y al inglés. Dentro de unos años, dijo,
cuando la cifra prevista de hispanohablantes en EE.UU. llegue a los 60
millones—superando a la de la misma España—los norteamericanos se darán
cuenta del peligro de una jerga que pretende sustituir no sólo al español,
sino al inglés. Segura comparó la evolución del espanglish, no con la del
latín vulgar a la caída del Imperio Romano, como han tratado de hacernos
creer algunos defensores del espanglish, sino más bien con el yiddish,
híbrido que crearon los judíos asquenazis al refugiarse en Alemania
procedentes de la Europa central y oriental. Y señaló la circunstancia de
que los hablantes del yiddish inmigrados a Estados Unidos tuvieron
conciencia en seguida de la necesidad de aprender inglés bien para avanzar
en este país.
Xosé Castro inició su conferencia refiriéndose a la
postura expresada el día anterior por Stavans. Hizo notar que el fenómeno
del espanglish en realidad acentúa la marginalidad del latino, y le pareció
absurdo enaltecer esta carencia. Luego retomó el tema previsto: «El español
comercial, el ciberespanglish y el español neutro en la Red», donde hizo
notar las pérdidas, a veces muy pequeñas, que pueden desmoronar la
integridad del español debido a las ingerencias del inglés. Habló de lo que
él denomina «las academias privadas de la lengua», es decir, de las empresas
y fabricantes de productos y servicios que generan una ingente cantidad de
neologismos, en ocasiones mal traducidos.
Según Xosé Castro, las decisiones sobre terminología
y neología de empresas de la relevancia de Microsoft o de Telefónica, por
citar dos ejemplos, tienen un notabilísimo efecto en todos los
hispanohablantes (tanto positivo cuando son correctas como negativo cuando
no lo son), pues tienen un alcance superior al de cualquier Academia de la
lengua o cualquier diccionario dentro del mundo hispanohablante. Además,
señaló la relevancia que está teniendo Internet en el contacto directo entre
el hablante/usuario/consumidor y el emisor de la información, sin que para
ello medie ningún traductor. «En ocasiones, traducimos para personas que
están en contacto directo con la terminología en el idioma original —generalmente,
en inglés— y nos cuestionamos aun más, si cabe, si debemos traducir al
español algunos conceptos o dejarlos en el otro idioma, porque consideramos
que el destinatario de nuestra traducción lo entenderá mejor si no lo
traducimos», afirmaba Xosé Castro. «Este planteamiento —en el que
deliberadamente olvidamos a los hablantes de español que no dominan otros
idiomas— es muy peligroso, pues pone en tela de juicio la propia existencia
del traductor y margina a aquellos hablantes ajenos a las tecnologías, igual
que el espanglish margina a sus propios hablantes dado el desconocimiento de
ambas lenguas. Los traductores podemos engendrar pequeños monstruos
lingüísticos, hablantes que no dominen la terminología en su idioma y además,
la escriban o pronuncien mal en el ajeno», concluyó.
Antonio Garrido, Director del Instituto Cervantes de
Nueva York, cerró los debates con su ponencia «Sistema, norma, habla».
Explicó que la norma culta es muy homogénea en el español y es lo que
mantiene la unidad del idioma dentro de su gran diversidad. En cambio el
espanglish es un concepto que no se puede definir porque se trata de una
serie de fenómenos heterogéneos dentro de lenguas en contacto. Falta, pues,
definir primero qué es, exactamente, el espanglish.
Concluyó que lo preocupante no es tanto la lengua
como el camino por donde se puede triunfar en este país. Para triunfar hay
que saber muy bien inglés, y mejor aún si se sabe además español. Pensar que
el futuro está en el espanglish es absurdo. Desde el punto de vista del
lingüista es necesario estudiarlo, pero hacer de ello una exaltación es poco
ético. Glorificar un lenguaje que es una carencia de quien no sabe
expresarse bien en los idiomas existentes es peligroso y no es humanitario.
Es como decirle a la gente: «Tú sigue en el gueto, que es la lengua del
futuro. Yo, que domino los dos códigos, te invito a quedarte en el gueto». |