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Se publicó en Volumen 9, Número 1 Invierno de 2001 |
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Lo que son los nombres: hispano y latino © Pere Mora Romà Aparece en el cuestionario del censo decenal, se indica al solicitar empleo o acceso universitario, se lee en el New York Times en reportajes sobre educación bilingüe, lo son algunos barrios y comunidades de punta a punta de los EE.UU. Es Hispanic, o Latino, según se prefiera. ¿Qué significa exactamente? ¿A quién se refiere exactamente? He aquí el quid de la cuestión. La cuestión de cómo llamar colectivamente a todas las personas de ascendencia hispana en este país es complicada por el hecho de que abarca un crisol de procedencias y culturas, una amalgama racial y étnica de distintas clases sociales que poseen un diferente dominio del español y del inglés, descendientes unos de gente que poblaba el territorio hace ya 400 años, recién inmigrados otros. Hispanic y Latino son en este momento las denominaciones consensuadas entre la Administración federal y las asociaciones que representan al colectivo. En 1997 se equiparó Latino, más extendido en el Suroeste y Oeste, con Hispanic. Para enero de 2003 todos los documentos federales deben contener el uso combinado de ambos términos. Por inercia y comodidad, Hispanic y Latino han venido traduciéndose llanamente al español por hispano y latino. Será interesante analizar los nuevos matices que cobrará el adjetivo hispano al adquirir calidades del grupo «hispano» en Norteamérica. Nuevas denotaciones que complementarán las acepciones clásicas de hispano, na (de Hispania, de España, de Hispanoamérica) como en la oración Las sevillanas son un baile hispano. Los diccionarios de español ya reproducen nuevas denotaciones de hispano y latino, al son de los avances demográficos al norte del Río Grande. El diccionario de uso del español de María Moliner (edición de 1998) define que hispano, como subacepción particular al significado de cultura española se aplica «a los habitantes de habla española afincados en Estados Unidos, y a sus cosas». El Salamanca (1996) recoge la acepción: «que vive en Estados Unidos y es de habla española: una familia hispana; los barrios hispanos son numerosos». Sin embargo, Hispanic no siempre equivale a «hispanohablante». Entre el colectivo «hispano» el dominio de la lengua varía de fluido a testimonial, con lenguaje más o menos libre de anglicismos. En estudios estadísticos sobre mortandad que realizan Medicare y Social Security, en estimaciones de población del Censo y en campañas de marketing directo, anglófonos con apellidos españoles (que coinciden con los de listas como Passel-Word) pasan a integrar el grupo Hispanic. Oficialmente, el término Hispanic se sancionó para uso gubernamental en los Estados Unidos en 1968 cuando, a petición del senador Joseph Montoya de Nuevo México, el presidente Lyndon Johnson declaró «National Hispanic Week» la semana que empezaba el 15 de septiembre. En 1960 ya había empezado a andar el Congressional Hispanic Caucus. Pero el término no se popularizó hasta que el discurso presidencial lo forzó en la conciencia nacional y pasó a sustituir designaciones étnicas más específicas. El siglo XX ha visto nacer y morir diferentes nombres para censar al colectivo «hispano». En el censo de 1930, se contabilizaron 1,3 millones de «mexicanos» y en 1940 se censó a «personas de lengua materna española». En 1950 se incluyeron a 2,3 millones de «personas de apellido español”. Hacia finales de los años 70, el término «origen español» se puso de moda. Desde entonces este apelativo se ha ido sustituyendo por «origen hispano» o usados los dos indistintamente. En 1990 se censaron a 22,4 millones de «hispanos» y en marzo de 1999 la población hispana en Estados Unidos alcanzaba 31,7 millones, siendo de origen mexicano casi las dos terceras partes. El pasado censo del año 2000 utilizó la nueva nomenclatura aprobada por la administración federal: «Hispanic» o «Latino» indistintamente. Consta que en 1929 la League of United Latin American Citizens empezó a usar el distintivo Latino en lugar de Mexican «para eludir lo que entonces se consideraba una designación denigrante», según revela la antropóloga Margarita B. Melville. No debe confundirse Latino con el término más amplio Latin, que se refiere al Lacio, al latín y a los pueblos que hablan lenguas derivadas de ése, como Italia, Francia, España, Portugal, Rumania y América latina. Entre Latin lover y un Latino go-go dancer dista un océano. El manual de estilo del New York Times recoge la última acepción de Latino, que el registro federal de definiciones ha equiparado con Hispanic: «se refiere a los habitantes de Estados Unidos que descienden de una tierra o cultura hispanohablante». En español, a los usos clásicos la América latina, los países latinos, temperamento latino, el diccionario Clave incorpora el ejemplo Gran parte de la población estadounidense está formada por latinos. Pero ¿incluye esta frase a brasileños o a haitianos? De entre los términos Hispanoamérica, Iberoamérica y Latinoamérica, el último es el más inclusivo al nutrirse de España, Portugal y Francia. El término Hispanic a menudo entraña confusión de los conceptos «grupo racial» y «origen hispano» cuando se combinan en una sola pregunta ambas categorías en ciertos cuestionarios e impresos federales. Sirva de ejemplo la hoja de autoidentificación que los aspirantes a puestos de trabajo o plazas universitarias rellenan para que la Administración evalúe la marcha de las campañas de discriminación positiva de "minorías" (Affirmative Action). Hay cuestionarios que piden que se indique la «raza» del aspirante tachando una o más de las siguientes casillas: «White», «Black», «Hispanic», «Asian or Pacific islander», «American Indian or Alaska native». ¿Alude aquí «Hispanic» eufemísticamente a un supuesto color «Brown»? En «On Hispanic Identity», el sociólogo Félix M. Padilla pone de relieve que Hispanic o Latino «significan cosas bastante distintas a diferentes personas y que, al margen de significados y connotaciones específicas, la palabra Hispanic y sus variantes tienen una gran carga emotiva, lo que causa amplia aceptación o rechazo por aquellos que reciben tal etiqueta». En la proyección de imágenes han contribuido los estereotipos divulgados por los medios de comunicación, y también estadísticas que revelan que sólo el 56% de los hispanos tiene High School (comparado con el 88% de los blancos no hispanos) o 23% de las familias hispanas viven bajo el umbral de la pobreza (frente al 6%), según una encuesta de 1999. BibliografíaInstituto Cervantes, El español en el mundo. Anuario 2000, Plaza & Janés, Barcelona, 2000. Melville, Margarita B., «“Hispanic” Ethnicity, Race and Class» en T. Weaver, ed., Handbook of Hispanic Cultures in the United States: Anthropology, Arte Público Press, Texas, 1994. Moliner, herederos de María, Diccionario de uso del español, Gredos, Madrid, 1998. Padilla, Félix M., «On Hispanic Identity» en F. Padilla, ed., Handbook of Hispanic Cultures in the United States: Sociology, Arte Público Press, Texas, 1994. Seco, Manuel, Diccionario del español actual, Santillana de Ediciones, Madrid, 1999. U.S. Bureau of the Census, The Hispanic Population in the U.S. March 1999. U.S. Bureau of the Census, We the American... Hispanic, Septiembre de 1993. Varios autores, Clave diccionario de uso del español actual, Ediciones SM, Madrid, 1996. |
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