No podríamos ser traductores sin diccionarios. Dedicamos buena parte de
este número de Apuntes a la tarea de elaborar diccionarios. La conferencia
de Jack Segura sobre el DRAE y otras obras recientes de la Academia Española
de la Lengua, explica y aclara muchos de los interrogantes que se nos
plantean a todos los traductores en nuestro diario trajinar con el
diccionario. También pone de relieve la verdadera revolución de los
diccionarios y de los corpus, y su nuevo papel como bases de datos para
funciones informáticas en áreas de actividad que ni siquiera existían hace
unos años -- la Internet, las industrias de la lengua. La nota de José
Millán (Depósitos de palabras, pág. 8) ilustra los aspectos mecánicos de las
nuevas modalidades de consulta por la Internet.
Varios de los artículos y hasta las consultas entre traductores (Concienciar
versus Concientizar, pág. 21) se hacen eco de estos temas relacionados con
el diccionario. En el idioma inglés también se registran cambios similares
en la elaboración y difusión de los diccionarios, como se trasunta en las
notas correspondientes (De otras fuentes, pág. 15 y Merriam-Webster's 100th
Anniversary, pág. 20). El acceso por la Internet y la publicación en formato
de CD-ROM, algo que ya consideramos imprescindible y que forma parte de
nuestro teclear diario, son exponentes de una revolución sin precedentes,
fiel reflejo del aceleramiento del progreso en nuestros días.
Esta vez nos toca ser ejemplo de mal uso del idioma, como demuestra
Alicia Agnese en su excelente columna (Hilando fino... con lo legal, pág.
10). No es la primera vez que un lector o colaborador nos contradice o nos
enseña algo, y este tipo de intercambio es, precisamente, uno de los
principales objetivos de Apuntes.