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Volumen 6, Número 3

Verano de 1998

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El DRAE y obras recientes de la

Academia Española de la Lengua

 

El profesor Joaquín (Jack) Segura, miembro de número de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y presidente de su Comisión de Traducciones, en una reciente conferencia en Nueva York abordó el tema de la elaboración actual del DRAE y de otras obras de la Real Academia. A continuación transcribimos el texto casi completo de la conferencia, seguido por la sesión de preguntas y respuestas, según fue publicado en la revista Apuntes.

Para mí, el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), constituye una herramienta esencial, que además considero indispensable para el traductor y para todo el que haya de manejar en público la lengua española. No pasa un día sin que, por uno u otro motivo, no tenga que ir a bucear en sus páginas, pues hace ya mucho tiempo que descubrí en ellas un tesoro pocas veces conocido de quienes lo consultan someramente y sólo en caso de la necesidad más apremiante. Con frecuencia, el DRAE ha sido criticado y hasta despreciado-y hay que reconocer que no todo son pepitas de oro lo que encierra. Es probable que esta actitud cambie radicalmente con la introducción de las novedades que vamos a reseñar aquí.

Hay, sin duda, otros diccionarios monolingües muy buenos, como el Vox y el María Moliner. Y ya que de diccionarios en general hablamos, mencionaré dos categorías más, de importancia para el traductor: la de los diccionarios bilingües, con el Oxford a la cabeza, el Collins y el Gran Larousse; y la de los técnicos bilingües, entre los cuales se destacan el Collazo y el Atienza. Lo cual me brinda la oportunidad de señalarles que nos sentimos honrados de contar también entre nosotros esta velada al autor del primero, Javier L. Collazo, que tiene ya casi terminado su nuevo Diccionario de Informática y Temas Afines, el cual verá la luz a fines de este año o principios del año entrante. Bueno, al grano. Digamos primero unas palabras acerca de la historia de la RAE (la Real Academia Española).

La Academia madre se funda en 1713 principalmente para combatir las sucesivas invasiones de galicismos. No deja de haber un acentuado paralelismo con las invasiones de anglicismos que nos azotan hoy.

El Rey de España encarga a la Academia la tarea de velar por la integridad de la lengua española, concediéndole autoridad normativa. Para llevar a cabo este encargo, la RAE propone dos iniciativas primordiales:
1) Redactar un diccionario, y cito "copioso y exacto" pero, fíjense que no dice "completo" ni "exhaustivo". Esto es muy importante para entender toda la obra lexicográfica posterior, exceptuada la de los últimos tiempos.

2) En 1739 (es decir, 26 años después de la fundación de la Academia, aparece el primer DICCIONARIO DE LA LENGUA CASTELLANA, en 6 tomos, conocido después por DICCIONARIO DE AUTORIDADES, ya que se incluían en él, junto con las definiciones, textos de autores acreditados que le dieran mayor validez. Teniendo en cuenta la enormidad de la labor original, se llevó a cabo con relativa celeridad y con gran ahínco por parte de sus autores.

El gran éxito del primer Diccionario (considerado como uno de los repertorios léxicos más admirados de la filología europea) impulsó a la Academia a emprender la recopilación de una segunda edición, y casi al mismo tiempo, la preparación de una ORTOGRAFIA y de una GRAMÁTICA.

La primera ORTOGRAFÍA vio la luz en 1741, y la primera GRAMÁTICA en 1771. Estas publicaciones coincidieron con la labor de preparación del segundo Diccionario de Autoridades y la retardaron considerablemente, y a todo esto el Diccionario de Autoridades quedó atascado, después de la aparición de dos tomos, en la letra "C". Por fin la Academia optó por reducir el Diccionario a "un solo tomo para su más fácil uso", despojándolo de las citas de autoridades.

Con todo, la edición de sólo un tomo no salió hasta 1780, o sea casi cincuenta años después de salir la primera. Desde entonces han visto la luz 19 ediciones más, incluida la XXI, de 1992. Mientras que el primer Diccionario de un solo tomo (el de 1780) incluía 46.000 artículos, el de 1992 ofrece 83.000.

La versión de 1992 viene en tres formatos: 1) un solo tomo de gran formato; 2) la versión popular, en tamaño de bolsillo (de dos tomos) y 3) la versión electrónica, distribuida en CD-ROM. La Academia ha publicado hace un par de años un diccionario escolar, que va ya por su segunda edición, y próximamente introducirá su Diccionario en Braille, para los ciegos, que se distribuirá gratis.

Pero volvamos al DRAE en sí. Muchos se quejan de que no se encuentra en él multitud de términos de uso más o menos corriente. Es preciso entender la naturaleza de este diccionario. No es, como ya señalaba al principio de mi charla, un diccionario general que incluya todo lo habido y por haber, sino básicamente-- y ya desde la fundación de la Academia-- un diccionario selectivo, basado en el español estándar y culto.

Por supuesto, esta trayectoria selectiva dio a los académicos y directores de la Española sobrada oportunidad, no sólo de poner en entredicho los galicismos más rimbombantes, sino también de excluir otros vocablos que por uno u otro motivo no les satisfacían. Ese fue el método de que se valió la Academia hasta no hace muchos años para "limpiar, fijar y dar esplendor" al idioma, lema que ha quedado un poco dejado de la mano de Dios y que ha sido reemplazado por otro más o menos tácito: el de defender la unidad del idioma. Lo cual me parece muy importante y apremiante, pero convendría no abandonar del todo el lema originario.

En cuanto a su Diccionario, aunque a veces descuidase el rigor lexicográfico, la Academia optó por limitar, en gran parte, su repertorio de voces a las del lenguaje culto y sobre todo al literario. Esto último es muy importante, porque en todos los tiempos la gran mayoría de los académicos de la Española han sido hombres de letras. Hoy esto va cambiando y podemos encontrar entre sus miembros a varios científicos, técnicos y periodistas, así como traductores destacados, como don Valentín García Yebra. Y también ha cambiado el enfoque en cuanto a la admisión de variedades de la lengua socialmente menos valoradas, que ahora empiezan a mantener una representación acorde con su importancia real. La preferencia por lo literario tuvo resultados buenos y malos. Fue buena porque conservó lo mejor del idioma, pero, por otra parte, arrinconó muchas voces de uso corriente, que apenas ahora están incorporándose a su repertorio.

 

Obra moderna

últimamente-ya desde hace un par de ediciones del DRAE-- la Academia ha adoptado criterios más modernos para la adopción o rechazo de neologismos y de voces que antes había dejado de lado. Entre los nuevos criterios figuran: *
 

  • Los términos propuestos por diversas fuentes son contrastados con los grandes bancos de datos CREA y CORDE-- de los que hablaremos en un momento con objeto de determinar la frecuencia de uso y la validez en general para el lenguaje corriente y literario. En el caso de términos científicos y técnicos, la elección depende del nivel de aplicación que se estime; p. ej. en matemáticas se admiten los de la enseñanza superior, sin alcanzar a la universidad especializada.
  • En las dos últimas ediciones del DRAE se han incluido multitud de elementos compositivos, prefijos y sufijos de distintos orígenes. Y los textos definitorios del Diccionario están permanentemente sujetos a enmiendas a cada nueva edición.
  • La Academia, en su última edición del DRAE, incluyó cerca del 12% de términos americanos, y en la próxima edición, prevista para alrededor del año 2.000, incluirá muchísimos más.


 

Las bases de datos

Desde 1993, la RAE viene movilizando un nutrido personal para la labor ingente de crear y mantener dos gigantescas bases de datos.

La primera, o CREA (Corpus de Referencia del Español Actual) abarca desde 1995 al año 2.000. Consta ya, en estos momentos, de más de 100 millones de entradas y se espera que para principios de siglo tenga no menos de 250 millones de fichas, de las cuales el 50% corresponderán a la América de habla española.

El plan para el CREA ha sido el de recoger esos términos de periódicos, revistas, libros, radio y TV, teatro, registros magnetofónicos de destacados autores y otras personalidades. tanto de España como de América.

El segundo gran banco de datos es el CORDE (Corpus Diacrónico del Español), que reunirá "todas las palabras utilizadas en español" a ambos lados del Atlántico, desde los comienzos de la lengua hasta 1995, fecha en que empieza formalmente el CREA. El CORDE tenía a principios de de año cerca de 15 millones de entradas.

Cada año el CREA agregará las nuevas voces recogidas durante el año y suprimirá las del año de acopio inicial (1995 y sucesivos) Y año tras año, la información anual así descartada ira a parar al CORDE, a fin de conservar la total continuidad. El CORDE será, pues, el repositorio no sólo del lenguaje histórico sino también de todo término que no figure ya en el CREA. Alguien me preguntaba hace poco: ¿Adónde van a parar los términos que se suprimen del DRAE? Ahí está contestación: no se pierden, sino que se trasladan.

Además, hay en preparación un Diccionario de Ortografía, destinado a resolver las dudas referentes a diversos vocablos. Tengo entendido, aunque no puedo darlo por cierto, que se redactará en forma de artículos por orden alfabético para facilitar la búsqueda. Por cierto, hace pocos días los miembros de la Comisión de Lexicografía de la Academia Norteamericana recibieron, para repasarla y sugerir cambios y agregados, la lista de abreviaturas que figurarán en aquél.

Y para no dejar piedra sin levantar, la Academia está preparando también una nueva GRAMÁTICA.


 

La nueva planta del DRAE

Quizás nada como la nueva planta del DRAE ponga de manifiesto la actitud modernizadora que parece haberse apoderado de la Academia Española. sta llama "planta" al nuevo código organizador de su Diccionario. Este código es distinto del que, con profundos retoques, se venía manteniendo desde los comienzos de la lexicografía académica. En su preparación han trabajado durante más de tres años alrededor de 50 personas.

La nueva planta permitirá renovar en las próximas ediciones del Diccionario las técnicas lexicográficas, para dar forma ordenada y sistemática al vocabulario de la lengua. Es una reforma a la que le ha tocado la hora. Una de las cosas que siempre hemos observado en el DRAE es la falta del uso moderno de ciertas marcas lexicográficas e indicaciones de uso, la falta de suficientes remisiones, la inclusión de algunas inconsecuencias, etc.

Veamos, por ejemplo, el caso de los vocablos Computador(a) y Ordenador, tal como los define el DRAE de 1992: "Computador o computadora. 1. adj. que computa o calcula. U.t.c.s. 2. m y f [y no dice que en este caso es sustantivo]. Calculador o calculadora, aparato o máquina de calcular. " (Define también las computadoras electrónicas, tanto las analógicas como las digitales), Bajo "ordenador" encontramos: "1. Adj. que ordena. U.t.c.s. | 4. [De nuevo sin indicación de que se trata de un sustantivo] Máquina electrónica dotada de una memoria de gran capacidad y de métodos de tratamiento de la información, capaz de resolver problemas aritméticos y lógicos gracias a la utilización automática de programas registrados en ella." Esto parece adentrarnos en un mundo kafkiano, surrealista, en que las mismas cosas se definen de modo diferente, no se sabe con qué fin, ya que todo lo que hace el "ordenador" lo hacía ya antes el "computador". Y ni siquiera un vislumbre, ni una remisión, para indicarnos que en realidad se trata del mismísimo aparato o máquina, al que los españoles han dado en llamar "ordenador", de preferencia a "computador". En América nos hemos quedado con "computador" o "computadora". Sobre este tema escribí hace tiempo un largo artículo (Reflexiones sobre los vocablos "computador" y "ordenador", Apuntes, Otoño de 1996). De estos ejemplos, por desgracia, hay más de los convenientes, aunque esperamos que pronto serán subsanados y que se nos proporcionará la información que necesitamos en la forma más completa y correcta posible.

Organigrama - La nueva presentación de las obras de la Academia arranca de una organización interna también nueva, aunque conserva algunos componentes históricos. Todos los trabajos a que nos hemos referido, los viejos y los nuevos, están simbólicamente a cargo del Pleno de académicos, que data de hace dos siglos. Y por delegación suya pasan por la Comisión de Diccionarios y por el Instituto de Lexicografía. ste, que funciona como ente organizador y planeador, fue creado apenas en 1993 y es el autor de muchas de las modificaciones sustanciales de los métodos de trabajo, inclusive la informatización del proceso redactor). Estos dos centros principales se nutren a su vez de 5 comisiones, que son las que trabajan más directamente en la redacción del Diccionario: la de Lexicografía, la de Ciencias Humanas, la de Vocabulario Técnico y Científico, la de Etimología y la de Americanismos. Esta última está a cargo particularmente de la Comisión Permanente de Academias, que representa a las academias de América y de la que es secretario general el Dr. Humberto López Morales, de la Academia Puertorriqueña.

 

Cómo trabaja la Comisión de Vocabulario Técnico

 

Tomemos como ejemplo esta Comisión, por ser una de las que más de cerca conocemos. Esta constituida por el Dr. Angel Martín Municio (biólogo y bioquímico), subdirector de la Academia de la Lengua y director de la de Ciencias; el Dr. Antonio Colino (ingeniero industrial, ingeniero nuclear y miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas); y el Dr. Rafael Alvarado (Doctor en Ciencias -Biológicas y Zoológicas). Me he detenido a identificar a estos integrantes de la Comisión para poner de manifiesto que son gente de primera calidad, de renombre internacional.

La Comisión se reúne semanalmente (y a veces se lleva trabajo a casa, según me cuentan) para despachar lo que le llega. Su misión es asesorar al Pleno y resolver las consultas de éste, las de las diversas comisiones de redacción o las de cualquier otra parte interesada, sobre vocabulario técnico y científico.

Confecciona listas temáticas con el fin de dar uniformidad a las definiciones de cada término léxico.

Aplica la nueva planta del DRAE.

Estas listas, hasta ahora principalmente de Medicina, Biología y Química, se someten a las Academias de América y en particular a la Norteamericana. Llevamos ya más de 5 años colaborando con ellos, sugiriéndoles enmiendas, correcciones o supresiones. Les mencionaré unos ejemplos:

El vocablo alkyl, de gran importancia práctica en química, da lugar a unos problemas peculiares en español, ya que podemos decir tanto alquilo como alcohílo, Lo malo es cuando nos toca traducir alkalyzed y alkylize, que en español darían alquilado y alquilar; para evitar estas acepciones susceptibles de confusión, sugerimos a la Academia que optaran por alcohilado y alcohilar. No sabemos qué suerte han corrido estas sugerencias. En algunas ocasiones anteriores, no se han aceptado nuestras recomendaciones, como en el caso en que poníamos reparos a la admisión del vocablo plásmico al lado o de preferencia a plasmático, que es como se venía diciendo de toda la vida. Ni siquiera figura en el DRAE el adjetivo plásmico (probablemente aparecerá en la próxima edición). En cambio si está plasmático. Otro tanto sucedió con bit, en informática, que los españoles han adoptado exclusivamente, sin dar entrada a bitio, vocablo mejor formado y que permite un plural normal. Tampoco esperamos que nos lo acepten todo. De tarde en tarde nos llegan noticias más gratas, como la admisión de "desfase horario" (por jet lag) y "plásmido" por plasmid, importante en biología.

Estas listas, después de recibidas las opiniones de América, se pasan a la Comisión Delegada del Pleno para su admisión con las modificaciones que ésta considere oportunas.

 

Cómo trabaja la Comisión de Lexicografía

La Academia Norteamericana de la Lengua Española, a través de su Comisión de Lexicografía, presidida por el profesor Roberto Galván, de la Southwest Texas State University, en San Marcos, colabora con la de Lexicografía de la Real Academia, generalmente por conducto de la Comisión Permanente de Academias. El Dr. Humberto Morales, secretario general de esta Comisión Permanente, con sede en Madrid, nos envía numerosos legajos de nomenclatura que interesa a la Española desde el punto de vista de lo que se dice en EE.UU. y en los otros países de América. En nuestro caso, esto plantea problemas de principio, puesto que el español que se habla en Estados Unidos no es uno sino muchos, casi tantos como hispanoamericanos de distintos países y regiones viven aquí. Nuestras propuestas, llegadas a Madrid, siguen la misma ruta que la de la Comisión de Vocabulario Técnico.

 

Cómo trabaja la Comisión de Americanismos

El Secretario de la Comisión Permanente, el citado Dr. Humberto López Morales, recibe consultas y propuestas lexicográficas de las 21 academias del exterior.
Prepara listas de términos españoles (de España) para ver sin son conocidos en los demás países de habla española. Y recibe de cada país toda clase de propuestas lexicográficas, para transmitir a la Comisión de Lexicografía de la Academia Española.
Prepara también proyectos lexicográficos especiales con relación a determinadas zonas, como la de Cuba, el Caribe, el Cono Sur, etc.
Y tiene en preparación el GRAN DICCIONARIO DE AMERICANISMOS, que viene gestándose desde hace muchos años, pero que por acontecimientos desfavorables no se ha podido hacer realidad hasta ahora. Es de esperar que con la ayuda de la informática, lo que antes parecía un proyecto irrealizable se haya vuelto más viable.

 

Apoyo económico

El Gobierno español ha sido siempre la fuente primera de apoyo de la Academia-exceptuadas ciertas épocas de trastornos internos-, pero últimamente esta ayuda ha ido menguando con cada nuevo presupuesto. Esto ha obligado a la Academia a buscar otras fuentes, como la Fundación Pro Real Academia Española, creada en 1993 con un capital de 1.000 millones de pesetas (aproximadamente 6,6 millones de dólares al cambio reciente de 150 pesetas por dólar). La Academia cuenta también con el apoyo económico de las empresas más importantes, tanto españolas como extranjeras, radicadas en España.

Por otra parte, la Academia recibe dineros de sus ventas de diccionarios y otros libros.

Aunque esto parezca, y lo es, mucho dinero, los gastos de la moderna Academia son equiparables. En informática solamente, la Academia tiene instalado en el sótano de su "casa" un centro de computadoras que que incluye un sistema central grande IBM y no menos de 25 estaciones dedicadas casi exclusivamente a funciones lexicográficas (entrada de datos en fichas, búsquedas, informes, etc.), además de otras destinadas a crear y tener al día los programas para esas máquinas. Todo este personal recibe un sueldo. Los encargados de proyectos especiales, los miembros de las Comisiones de redacción y los del personal administrativo tambin reciben sueldo o estipendio.

 

AVANCES

Los cambios a que nos hemos referido pueden calificarse de casi revolucionarios, comparados con la lenta evolución histórica de la Academia. A ellos ha contribuido, y no poco, la informática. El hecho de que el Diccionario de Autoridades no pudiera terminarse en todos estos años-siglos-se debió a que las papeletas hechas a mano representaban un trabajo ingente, que interfería con la producción del diccionario de un solo tomo. Hoy, gracias a la informática y a las nuevas bases de datos, se espera tener terminado ese Diccionario de Autoridades a corto plazo.

En resumen, como decía mi colega Leticia Molinero, al leer todas estas novedades en Glosas: "Parece que la Academia, de pronto, ha saltado del Siglo XVIII al ciberespacio." Amén.

Al concluir la ponencia, se inició una animada sesión de preguntas y respuestas, de la cual ofrecemos esta selección. P. ¨Dónde se puede conseguir la dirección de la Academia? R. Real Academia Española
Felipe IV. 4
28014 Madrid, España

P. ¿Cuándo y cómo podremos acceder al CREA y al CORDE?
R. A partir de octubre, aproximadamente. El acceso se hará por una página de la Internet, que está habilitando la Academia; será factible a tres niveles: 1) general, gratis (y no completo); 2) servicio más completo, por una cuota (se habla de $150 ó $200 al año); y 3) contrato con empresas particulares, universidades o entidades gubernamentales, con servicio ilimitado (no se sabe aún el precio). También por la Internet se podrá acceder en seguida a la base de datos que contiene toda la información registrada en todos los diccionarios anteriores.

P. ¿Cómo será el diccionario para ciegos?
R. Se trata de un diccionario hablado, con posibilidad de impresión en Braille. El cederrón de la Academia que contiene el DRAE electrónico, más algunos códigos para ciegos, se pasa por un sintetizador de voz, que da la versión hablada. El usuario invidente puede dar instrucciones verbales a la computadora para que le imprima en Braille la palabra y definición que necesite. Obviamente, no tiene necesidad de encender la pantalla.

P. David Deferrari, Jefe de Terminología de la ONU, preguntó cuáles eran los criterios de selección de neologismos y si la Academia va a sugerir pautas normativas al respecto.
R. El Boletín de la RAE presenta reglas y pautas. La Nueva Planta del DRAE tambin las presenta, pero aún no se distribuyen en forma general. Puede solicitarse a la RAE.

El Dr. Odón Betanzos Palacios, Director de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, acotó que el pueblo crea la lengua. Cuando la RAE acepta un neologismo es porque ya se ha enraizado en el uso. Jack Segura agregó a esto que un problema importante es el de los neologismos científicos, debido al gran número de profesionales que estudian en Inglaterra o Estados Unidos y luego vuelven a sus países pensando, hasta cierto punto, en ingls. Javier Collazo comentó que cada vez que lee los diarios ABC y El País le llama la atención la cantidad dc palabras que sólo se entienden si se sabe ingls. "Todo son apuestas (issues) y desafíos (challenges). David Deferrari señaló que todo esto está relacionado con el problema de cómo atender al registro cultural de las masas de hablantes. Collazo indicó que cada persona tiene el idioma activo y el de reconocimiento. El activo es circunstancial y suele circunscribirse a ámbitos particulares, mientras que el de reconocimiento es de carácter universal, es el que constituye el idioma de todos.

 
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