En la preparación del último
número de Apuntes, no quedó ni espacio ni tiempo para contestar los
comentarios del señor Daniel Sherr sobre el "espanglish", "la Internet", "mundialización"
y "tercería". Esta última no pasaba de ser una propuesta, ya que se usa
tanto en el lenguaje común como en el jurídico para designar a terceros,
quedando la acepción de "proxenetismo" relegada más bien al lenguaje
coloquial o de jerga y ya poco o nada usada.
En cuanto a "mundialización", creo que ya expliqué anteriormente con
bastante detalle el problema que plantea en español "globalización", ya que
tanto el nombre como el verbo tienen un primer sentido muy diferente. Lo
lógico sería que utilizáramos el vocablo que ya tenemos en español, "mundialización",
para denotar un concepto perfectamente comprensible, de significado únivoco,
en vez de copiar la "globalización" [globalization], que los de habla
inglesa tienen que utilizar por fuerza por no tener otro fácilmente
asequible. El que se nos imponga el anglicismo-pues eso es, en
esencia-porque el hecho de que sean muchos los que lo usen--aunque no todos,
pues yo veo usados los dos incluso en la prensa española--es como tirarse
del puente de Washington porque los demás quieran lanzarse desde él al
Hudson [o diremos a Hudson]. Comprendo muy bien que nuestro colega Daniel
Sherr, en calidad de intérprete, tenga a menudo que echar mano del primer
vocablo que le venga a la mente, para salir del paso. Tal vez algo parecido
les suceda a los locutores de radio y televisión, sobre todo a los de
deportes, que necesitan improvisar continuamente. En cambio, los traductores
y redactores de español tenemos, por lo general, mayor tiempo para pensar lo
que decimos y cómo lo decimos. No obstante, el inglés se nos cuela por todas
partes y no es de extrañar que quienes sucumben a él, a las buenas o a
regañadientes, como Sherr, traten después de defender el espanglish a
ultranza. Repetiremos una vez mas: cuando se trate de un vocablo inglés
necesario, por no tenerlo el español o no ser fácil de hispanizar,
adoptémoslo de buen grado; pero cuando ya tenemos el vocablo apropiado, a
veces desde hace siglos, para decir la misma cosa, ¿por qué arrinconarlo o
abandonarlo a fin de acoger el neologismo innecesario?
Por lo que se refiere a "la Internet", o a su uso sin el artículo, decía
yo en un número anterior, que reflejaba una "tendencia malsana, que calca el
uso inglés". Reconozco que debiera haberme explicado mejor. Trataré de
hacerlo ahora. No sólo refleja esa tendencia del inglés, sino que, como
señala Sherr, a menudo, se suprime el artículo aun en los casos en que el
inglés lo conserva. Tal vez sea el instinto de superación, de ser más
papistas que el papa. No obstante, el origen de "desarticular" las siglas y
nombres propios proviene, en mi opinión, del inglés, pues en francés los
artículos se usan incluso con mayor frecuencia que en español. Y es que, en
la propia España, hoy a la cabeza del movimiento "desarticulador", el
cercenamiento de los artículos es de fecha relativamente reciente, que
coincide, como tantas otras cosas en materia de idioma y modas, con la
llegada de las bases aéreas norteamericanas a España, y con ellas el prurito
y la moda de usar palabras (y expresiones) del inglés. Aducen los defensores
de tal tendencia, que los nombres propios no deben llevar nunca (o poco
menos) artículo. ¿Qué decir de nombres de empresas u organizaciones como "la
ONU", "la BBC", "la UGT", "el Banco de Bilbao", cuando no accidentes
geográficos como "el Manzanares" (o "el Hudson", ya citado), "los Pirineos",
"el Himalaya". ¿Vamos a convertirlos, sin más, en "ONU enviará tropas a
Bosnia", "BBC difundirá hoy un programa especial...", "UGT tiene planes para...",
"Banco de Bilbao subirá sus tipos de interés", "Manzanares no lleva mucha
agua este año", "Ha nevado mucho en Pirineos", "Himalaya resulta tumba de
desprevenidos", etc., etc. Es como hablar "en titulares de periódico". En el
caso de "la Internet" se sobrentiende "la red Internet", como en "la CBS"
sobrentendemos "la cadena CBS" (y en el Manzanares, el río de ese
nombre). Ya les hemos amputado el artículo a China y Japón, y pronto se lo
haremos desaparecer del todo a Argentina, Perú, Salvador y Coruña.. ¡Menuda
Babel! ¿Para qué se habrán inventado los artículos en español? Al parecer,
no por su función definidora o indifinida, ni por la eufonía que prestan a
la frase; más bien, para dar pábulo a los "desarticuladores".