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Se publicó en

Volumen 5, Número 2

Primavera de 1997

 
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El "espanglish" y sus accidentes

Odón Betanzos Palacios

"El siguiente artículo tiene por objeto, como en él se indica, "salir al paso"
de las tentativas de dispersión del idioma español por quienes, conocedores
a fondo del mismo y comunicadores de profesión, alientan públicamente el
uso del "espanglish". Su autor es Odón Betanzos Palacios, Doctor en
Filosofía y Letras y Profesor Universitario, actual director de la Academia
Norteamericana de la Lengua Española y Miembro Correspondiente de la Real
Academia Española."


Tengo un gran respeto por las opiniones que pueda emitir un compañero de letras. Por ello recibo y capto; me callo cuando no quiero contradecir y aliento cuando el escritor suma y suma. Por primera vez, creo, salgo al paso de un artículo periodístico porque su contenido tiende, pienso, a la dispersión en vez de a la unidad de nuestra lengua. El artículo fue publicado en El Diario (El Diario, 17 de abril de 1997, Nueva York); su título es "¡Que viva el "espanglish!" y su autor es el escritor y comunicador mexicano, Don Jorge Ramos Ávalos.

La sorpresa ha sido doble: por el contenido del artículo y por la persona que lo escribe. Contenido al boleo, a lo que salga; más que meditado, tirado al aire para que se vea lo raro, se discuta y se mire al autor. Es el artículo de que hablo de la única persona en que no hubiera pensado, por ser tan fuera de lugar y tan sin meditación. Aclaro mi sorpresa.

Es el articulista y comentador, Don Jorge Ramos, la persona que yo tenía como modelo, por el rigor en la investigación de lo que comentaba en las notas televisadas, por el español usado con precisión y conocimiento, por la sencilla naturalidad en sus comentarios y por la dignidad y ecuanimidad en todas sus participaciones.

Tiene razón el comentarista en una cosa: que la lengua la hace el pueblo. Es el pueblo el que la crea y recrea día a día. Colabora en el hecho, también, el creador literario o científico serio cuando la lengua en que escribe no tiene la voz que necesita y él aporta con su genio el neologismo preciso que más y mejor cuadre a la necesidad del momento. Otro aporte necesario es el préstamo de otra lengua cuando esa voz prestada es más completa que la que existe en nuestra propia lengua.

En Estados Unidos están en contacto, en lo que a nosotros respecta, dos lenguas universales: el español como lengua minoritaria y el inglés como mayoritaria. Es lógico que esas dos lenguas en contacto forcejeen y se entrecrucen. Lo normal es aprender ambas lenguas y así adentrarse en dos vías de comunicación y en dos culturas que merecen el mayor respeto y atención. A veces, no todos tienen la oportunidad de estudiar esas lenguas y de ahí, precisamente de ahí, parte la españolización de voces inglesas para intentar comunicarse con la lengua mayoritaria. Todo eso es natural; pero la vía normal, a largo plazo, es el aprendizaje de la lengua del país en que residimos y el perfeccionamiento de la nuestra.

Da la casualidad de que hasta que lo expuesto pueda realizarse, son la radio, la televisión y la prensa escrita-incluso con todos sus desvíos-la universidad popular para esos hispanos que no han tenido la oportunidad de ir a la escuela y de formarse. Así han aprendido giros nuevos y matices de su lengua madre y se han ido acercando a la lengua inglesa. La invitación natural es-debe ser-el respeto por ambas lenguas, con el debido deslinde de las dos.

Da la casualidad, también, que la fuerza que genera nuestra lengua es dada por veintidós pueblos que la tienen como medio de comunicación. Afortunadamente, estamos en las mejores condiciones para adentrarnos en nuestra lengua, incluso y a pesar de la presión mayoritaria de la lengua inglesa del vecino. Las lenguas romances nacen cuando el Imperio Romano se derrumba y desaparece la fuerza unitaria que servía de centro y de modelo. España, México y todos los pueblos de nuestra lengua son centros vivos, con toda la fuerza de nuestra lengua unitaria.

Sí, entiendo el problema de algunos hispanos en Estados Unidos, de los que no han podido ni tenido la oportunidad de aprender ninguna de las dos lenguas (español e inglés).

Entiendo también la otra vertiente, la del aliento y ayuda necesarios para que las aprendan. ¿Viviría el señor Ramos de la enseñanza y comunicación del "espanglish" que con tanto ánimo y alegría alienta? Creo que no. La institución a la que sirve, Televisa, tiene a orgullo la divulgación en nuestra lengua española, y así lo viene acreditando desde su primer mensaje televisado. ¿Cómo, de qué forma, se fomenta la comunicación con una jerga comunitaria provisional que sólo pueden entender unas pocas comunidades, cuando existen ya cuatrocientos millones de seres capaces de entender y leer lo que se diga en la lengua de todos?

Salgo al paso, también, del comentador y escritor mexicano, Don Jorge Ramos, en cuanto a la crítica implacable que le hace a Don Angel Martín Municio, por sólo pensar diferente a él en lo que al "espanglish" se refiere. Si lo hubiera pulsado bien habría encontrado a uno de los grandes talentos de nuestra lengua. No sólo es subdirector de la Real Academia Española, sino que dirige la Academia de Ciencias Físicas y Naturales de España. Los nuevos y grandes aportes del Diccionario oficial de nuestra lengua, en lo que a ciencia atañe, son obra de él y de su equipo. Y algo más para la meditación del señor Ramos: que si él, mexicano, y este su amigo español, y el sudamericano, centroamericano, caribeño y todos los pueblos del mundo hispánico hablamos la misma lengua es porque debemos su conservación a la Real Academia Española. Después de las guerras coloniales, la Academia tomó el puesto de los fracasados políticos españoles de aquel tiempo e hiló la unidad ayudando a crear las academias de la lengua para que hoy cuatrocientos millones de seres, de tan diferentes culturas y pueblos, nos entendamos a la perfección. Pienso, señor Ramos, que no es poco la pasada y presente realidad de nuestra lengua viva y universal. Todo, pienso, es problema de reflexión.

 
   
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