Muchos se cuestionaron el porqué de una
conferencia sobre el espanglish en un congreso sobre Internet y programas
para redes. Mi respuesta no fue muy meditada: es posible que en un congreso
sobre cuestiones técnicas de Internet, algunos usen Java, programas de
navegación por el ciberespacio, programas para trabajo en grupo, redes,
etc., y otros no, pero lo que es obvio es que todos usan el idioma. Y puesto
que es algo que todos tienen en común, no estaba de más dedicarle una
pequeña charla. Paradójicamente, Novell, la empresa organizadora, es una de
las que más recurre al espanglish en las traducciones españolas de sus
manuales. No e menos cierto que poner de acuerdo a todo el mercado
hispanohablante sobre la terminología propia de redes es una tarea titánica
y este fabricante (como muchos otros) ha encontrado la solución de recurrir,
con mucha frecuencia, a calcos o, directamente, a términos ingleses .
Cuando se habla de espanglish, la gente suele pensar inmediatamente en la
población hispana de Estados Unidos, sin darse cuenta, quizá, de que este
fenómeno está mucho más próximo a nosotros (y aquí me refiero a los que no
vivimos en EE.UU.).
En la charla, dividí el espanglish, de
manera poco rigurosa, en tres grupos:
El espanglish formal. Es el que emplean las personas que ya no tienen una
clara percepción de qué es inglés, espanglish o español. Es el espanglish de
buche (bush; arbusto, mata), vaquear (vacuum cleaning; aspirar), carpeta
(carpet; alfombra), yarda (yard; jardín), groserías (groceries; comestibles,
abarrotes, provisiones). Tiene mayor gravedad cuando afecta a las
estructuras sintácticas y lógicas de nuestro idioma: te llamo para atrás
(I'll call you back) o vuelvo para atrás (I'll be right back), etc. Este
espanglish es, principalmente, el que usa cierta población hispanohablante
de los EE.UU.
El espanglish informal. El que usamos todos
alguna vez cuando hablamos de computadoras, explicamos algo técnico, o
simplemente queremos hacernos entender más rápidamente con nuestro
interlocutor, que entiende inglés: disco removible (extraíble), el programa
no corre bien (to run), tomé un shuttle desde el hotel, etc.
El Ciberespanglish. Invento creado por la ínclita Yolanda Rivas. Había que
nombrarlo ya que si hablamos de espanglish e Internet, Yolanda Rivas y su
glosario merecen un puesto especial. En mi opinión, Rivas -que está bastante
desvinculada de su cultura originaria- ha hecho del contexto de los hispanos
angloparlantes en el que se mueve un universo en el que ha basado un estudio
de dudosa seriedad sobre terminología técnica e informática en el mundo
hispanohablante. En su glosario, en el que abundan las faltas de ortografía
y las incoherencias entre escritura y pronunciación, Rivas cita, en primer
lugar, el término en inglés; en segundo, el término que -según ella- más
usamos los hispanohablantes y, en tercero, la traducción al español del
término (menos usada o nada usada, según ella). Hay dos ejemplos que me
encantan:
exit
hacer un exit
salir
print
printear
imprimir
El primero me cuesta creerlo y el segundo,
unido a absurdos ejemplos como deletear (borrar), dragear (arrastrar), nos
indica que los conocimientos de español de Rivas son más bien escasos. Los
verbos arrastrar, imprimir y borrar, entre muchos otros, se usan y traducen
desde antes de que se escribiera El Quijote, así que flaco favor le hace a
la lengua con un estudio en que nos intenta convencer de que ahora la gente
ya no los traduce sólo porque están relacionados con una computadora.
En fin, a muchos nos ha dolido el "estudio" de Rivas, no sólo por su
arbitrariedad, sino por la publicidad -comprensible, por otro lado- que este
tipo de sucesos suele atraer dado el carácter jocoso y sectario de su uso, y
la identificación que algunos hacen de esta forma de hablar con una nueva "actitud
ante las nuevas técnicas, la Internet y otros avances" (como en el caso del
director de la revista española WEB), en una búsqueda constante por la
innovación y romper con ciertas posturas mal llamadas "tradicionales" de
preservación del idioma.
( ( (
¿Por qué nace el espanglish?
El espanglish tiene una lógica forma de ser y un origen explicable y
comprensible. Su función es claramente comunicadora, pero sólo puede darse
cuando existe una carencia de vocabulario en alguna de las dos partes que
forman un diálogo. Cuando existe alguna duda o algo que obstaculice la
comprensión, se echa mano de la versión inglesa, idioma que ambos
interlocutores comprenden, y la comunicación, por fin, se completa.
Leticia destacaba con acierto la marginalidad del espanglish, pues excluye
al hispano que no entiende inglés, y al angloparlante que no entiende
español. Se restringe, por tanto, a una reducidad comunidad de hablantes.
Debemos tener en cuenta que el espanglish de Nueva York poco tiene que ver
con el de Los Ángeles. Así que, en realidad, no estamos hablando de una
lengua sino de un conjunto de dialectos tan variados como sus comunidades de
hablantes.
¿Por qué nace el Ciberespanglish? Como
decía antes, quizá estemos dándole demasiada importancia a un estudio que
nace con defectos de forma. Lo cierto es que sí es interesante saber que un
grupo de unas 300 personas, según Rivas, emplean términos ingleses
españolizados para definir ciertas acciones relacionadas con la computación
o informática. Pero de "ser interesante" a ser una "teoría del idioma" va un
buen trecho. Igual de interesante es navegar por Internet -como hice yo para
recabar información para esta charla- y descubrir que había muchísimos
sitios de Internet relacionados con lo ciberlatino, lo ciberhispano, etc.
redactados íntegramente en inglés.
Como en otros tantos fenómenos lingüísticos, es muy difícil estudiarlos
fuera de su contexto. El inglés, el americano, está penetrando en nuestros
hogares por muchos frentes. Nunca se había traducido tanto como ahora. Sólo
tenemos que visualizar nuestro hogar hace 15 o 20 años y compararlo con
nuestra situación actual: lavadoras y secadoras con todo tipo de programas,
videocasetes, radiocasetes, equipos de música, computadoras, mandos a
distancia, antenas parabólicas. Ya no estamos hablando de la ciencia con
mayúsculas, sino de la 'pequeña ciencia', esa que se nos cuela en nuestros
hogares y a la que nos vamos adaptando. El inglés llega a nuestros hogares
de la mano de esa 'ciencia doméstica'.
Sin querer, entramos a buen paso en un nuevo proceso masivo de adopción de
neologismos. Vivimos una época, gracias a las comunicaciones, en la que la
información original llega muy rápido a nuestros hogares y tenemos poco
tiempo para traducirla y dar tiempo a que el usuario hispanohablante se
acostumbre antes al término español que al inglés. Pero gracias a las
comunicaciones, también logramos algo que era impensable hace mucho tiempo:
estar en contacto, en un intervalo de pocas horas, con colegas de otras
partes del mundo hispanohablante, conocer sus opiniones y las tendencias de
la lengua en sus países y ayudar, en conjunto, a comprendernos mejor.
El proceso de adopción de neologismos y términos técnicos es siempre igual,
como bien me explicó Cristina Márquez, una colega argentina que trabajó en
el Centro de traducción de IBM en Barcelona: la tecnología se envía desde la
casa madre a las manos de un reducido número de técnicos españoles, en este
caso. Todo llega en inglés, y estos son los primeros que traducen la
tecnología y crean un primer argot con el que entenderán entre sí y
transmitirán sus conocimientos a sus clientes más directos. La ruptura y la
fricción entre ese primer argot, generalmente muy americanizado, y el
castellano, llega cuando el producto adquiere una distribución masiva (el
gran público) y aparece la figura del traductor, que debe intermediar entre
las intenciones algo anglófilas de los técnicos y el natural interés por
preservar la lengua. Es el origen del sempiterno conflicto entre técnicos y
lingüistas.
De todos modos, nuestro miedo a desviarnos del inglés no es otra cosa que el
miedo a innovar. Tememos, como le ocurría al director de la revista española
WEB, traducir link por vínculo o enlace, porque nos parece demasiado llano,
demasiado poco técnico. Y con ello, parece que tenemos miedo a ser demasiado
sencillos y simplificar demasiado nuestra jerga técnica, cuando debería ser
lo contrario: fíjense que bien lo hicieron los estadounidenses cuando
comenzaron a crear cosas tan simples y comprensibles como folders, mouses,
etc.
Como anécdota, estoy recordando ahora tres ejemplos de miedo a innovar que
siempre me han gustado: mi padre se compró una computadora hace tiempo y me
telefoneó cuando se la llevaron a casa. "Viene con ratón, con filtro para la
pantalla, con reposamuñecas y aún me tienen que traer nosequé para el
teléfono", me dijo ilusionado. Mi padre estaba convencido de que le iban a
regalar algo para el teléfono porque en el folleto de la tienda decía: "El
precio del ordenador incluye soporte telefónico gratuito durante seis meses".
También mi cuñada creyó que le iban a mostrar en un monitor de televisión
una infección que le habían detectado, porque el médico le dijo "que había
que monitorizarla durante un tiempo". Y por último, recuerdo una frase de un
manual de usuario de cierto programa para equipos Macintosh: "Este programa
no soporta el Powerbook".
En resumen, y dejo muchas cosas en el tintero, ahora es el momento de abrir
un poco más nuestras miras y ser más conscientes -sobre todo los de este
lado del 'charco'- de que somos una gigantesca comunidad hispanohablante
dividida en muchos países con diferentes contextos y actitudes ante la
creciente presencia del inglés. Debemos ser conscientes de que nuestra
responsabilidad con el idioma es muy grande y que los traductores y los
lingüistas tan sólo somos una minoría; la mayoría restante no sabe qué es
Internet ni una computadora ni un neologismo ni el espanglish, ni falta que
les hace. Pero esa es la clave: nuestras decisiones acaban repercutiendo en
la forma de hablar de mucha gente, de esa mayoría, y eso debemos tenerlo
presente. También necesitamos tener unas academias de la lengua más cercanas
al mundo de la traducción, que es donde se generan una gran cantidad de los
conflictos lingüísticos, unas academias más fuertes y con mayor apoyo
prespuestario de los gobiernos, pero eso ya podría ser el tema de otra
conferencia.