"El idioma está hecho para deteriorarse y
para evolucionar", afirmó el director de la Academia, Fernando Lázaro
Carreter (Apuntes, Invierno de 1996, p.19). Es una afirmación algo
inquietante al confirmar que estamos en medio de aquella fluencia perpetua
de Heráclito, en que todo cambia. A quienes trabajamos con el idioma, la
naturaleza del cambio es lo que nos mantiene en constante estado de alerta.
¿Qué es lo que caduca, y por qué? ¿qué es lo nuevo, y con qué derecho se
puede usar o desechar? Estas son las preguntas que, conforme a la ley de
aceleración histórica, se nos plantean a un ritmo cada vez más veloz e
imperioso en nuestros proyectos de traducción o interpretación. La realidad
cambiante se nos presenta en formas desordenadas y muchas veces hasta
brutales, como reflejo de la falta de tiempo para aprender, para pensar
correctamente-- porque toda palabra refleja un pensamiento... claro o
confuso. ¿Y cuál es la misión del traductor? ¿Corregir o recoger? ¿Dónde se
ponen los límites? ¿Dónde se debe corregir y dónde se debe aceptar una nueva
modalidad?
El idioma, como la vida misma, tiene connotaciones políticas e ideológicas,
además de terminológicas, gramaticales y estéticas. En ciertas situaciones,
por ejemplo, el intérprete debe plantearse si ha de traducir fielmente,
conforme a la intención del hablante que expresa despectivamente su odio por
un individuo de otra raza o si debe ceder ante el eufemismo que se considera
políticamente correcto.
En los tribunales no siempre es fácil traducir la verdad. La manipulación
política de las noticias también trata de modificar la realidad con
eufemismos de otro orden. Las palabras cargadas de disimulo son casi
intraducibles.
En esta entrega presentamos una variedad de problemas del idioma, desde los
extremos del eufemismo hasta el ataque frontal con la intención de
ridiculizar a quienes pretendemos expresar la realidad con las palabras
propias de nuestra lengua.
Pero también damos respuestas y análisis detallados de términos e invitamos
una vez más a los lectores a participar en esta labor y a enviar preguntas,
respuestas y comentarios.
Nos sentimos especialmente afortunados de poder incluir en nuestras páginas
las palabras de Marina Orellana, quien desde su tierra natal, Chile, nos ha
concedido una entrevista que sabemos será recibida con sumo interés por los
lectores.
Como siempre, cada artículo es original y tiene el valor de la autenticidad
y la integridad de su autor. En APUNTES, el idioma español está en buena
compañía.