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Apuntes habla
con Susana Greiss
Fundadora
de SpanSIG y defensora del sistema de voluntariado
Susana Greiss
nació en Rusia, país del que emigró con
su familia a la edad de 4 años para radicarse en Uruguay,
donde cursó sus estudios primarios y secundarios. Vivió
también en Argentina y Brasil, antes de radicarse definitivamente
en los Estados Unidos.
Aquí nos habla de su experiencia como traductora y organizadora
de grupos voluntarios de traductores e intérpretes del
New York Circle of Translators (NYCT) y de la ATA, así
como las situaciones y condiciones que dieron origen a tales
grupos y a su posterior evolución.
LM - Susana, querríamos que nos hable del nacimiento
de SpanSIG: ¿Por qué tuvo esa idea y por qué
en español?
SG - Bueno,
yo era socia del NYCT y cuando empezaron no había gente...
LM - ¿En
qué año empezó el NYCT?
SG - Eso
sería por el 1980, 1982. En esa época venía
muy poca gente-- tres o cuatro personas nada más-- y
después empezaron a venir más y el NYCT empezó
a desarrollarse, particularmente al contar con la colaboración
de NYU (Universidad de Nueva York), que nos cedió una
sala. Y como NYU empezaba precisamente un programa para traductores,
entonces acudían al NYCT muchos estudiantes.
Ahora bien,
en esa época yo no pensaba tanto en formar un grupo de
traductores de español sino de portugués. Porque
los hispanohablantes aquí tienen muchas salidas y muchas
posibilidades de empleo; en cambio, el portugués es mucho
más limitado, y los interesados en el portugués
son personas que no han vivido aquí mucho tiempo. Como
no nos conocíamos, yo buscaba la manera de identificarnos
y formar un grupo de traductores de portugués. Un día,
en una cena, conocí a Edna Ditaranto, y ella me dijo
que tenía la idea de formar un grupo de portugués,
por las mismas razones que las mías. Al ver que ella
podía empezar con el grupo de portugués, me decidí
a empezar yo un grupo de español.
LM -¿Usted
traducía al portugués y al español?
SG - Sí,
trabajé de secretaria trilingüe en Brasil y traducía
tres idiomas. Allí nos trataban muy bien, pero cuando
llegué a Estados Unidos la situación era muy diferente.
No quise seguir trabajando como secretaria, sino que preferí
dedicarme exclusivamente a las traducciones. Había aprendido
a traducir en el trabajo. No tenía formación universitaria,
pero estudié dos años de idiomas antes de empezar
a trabajar como secretaria.
En Estados
Unidos busqué empleo de traductora y me contrataron en
una compañía de reaseguros donde trabajé
ocho años. En 1980, por motivos personales, dejé
ese trabajo y resolví iniciarme como traductora independiente.
Era difícil conseguir trabajo y en mis averiguaciones
me enteré de que existían la ATA y el NYCT. Enseguida
me hice socia de la ATA. Mientras tanto había obtenido
mi Bachelor's Degree. Y para reunir más credenciales
en mi currículo, me presenté a los exámenes
de acreditación de la ATA y con el tiempo acumulé
cinco acreditaciones: en español, francés, portugués,
inglés e italiano. Había tomado cursos en todos
estos idiomas.
Pero volviendo
al tema que nos interesa, en 1980 formé el grupo de español.
Éramos pocos los que nos reuníamos y no estábamos
muy bien organizados.
LM - ¿Usted
tenía idea de lo que querían hacer como grupo?
SG - Sí,
pero el grupo era demasiado diverso. No todos eran traductores
profesionales: algunos eran intérpretes, otros estudiantes.
Venían a ver en qué les podía servir el
grupo, pero nadie aportaba ideas ni se ofrecía para hacer
nada-- eran demasiado pasivos. Pero como yo para esa fecha ya
había cumplido los 65 años para la jubilación,
se me limitaba lo que podía ganar y me sobraba el tiempo.
Pensé que podía hacer alguna cosa útil.
LM - ¿Cuándo
se le ocurrió el nombre de SpanSIG?
SG - Yo
escribía un boletín de una o dos hojas para mantener
a esta gente informada de las fechas en que nos íbamos
a reunir, las listas de la gente que venía a las reuniones,
y algunas otras cosas. Y para darle un nombre usé el
Spanish Special Interest Group, que ya existía, y por
eso el primer boletín se llamó SpanSIG News.
LM - ¿En
la ATA había otros grupos de intereses especiales en
esos momentos, otros SIGs?
SG - No,
en la ATA no había Special Interest Groups, sino divisiones.
Las divisiones eran entonces la científica, que no existe
más, la literaria, que sí existe, y una división
de japonés. Ahora en cambio la ATA tiene como doce.
LM - ¿Cómo
se organizó SpanSIG al comienzo, cuando se adoptó
una organización más formal para el grupo?
SG - Al
principio yo era la única que llevaba el peso del grupo.
Venían con regularidad algunas personas, como Ronald
Torres, que era muy asiduo, pero cuando yo convoqué una
reunión para formar un comité organizador de tareas,
no vino nadie. Después, en cierto momento, sí
logramos formar el comité, integrado por Henriette Goldstein,
Cynthia Ventura, Vivian Isaac, Ronald Torres y yo.
Ahora bien,
yo en esos momentos ya había formado también un
grupo de ruso, y como ellos en ese comité de SpanSIG
tenían muchos proyectos y vi que todo andaba bien encaminado,
les dije que ellos se dedicaran al grupo de español y
que yo me concentraría en el de ruso. Por suerte esas
personas tenían buenas ideas y el grupo no desapareció.
El problema con estos grupos suele ser que cuando se va su fundador
el grupo se desmorona.
LM - Eso
que dice de la desaparición de los grupos es muy interesante,
porque cuando murió Ronald, en 1994, nos dimos cuenta
de que realmente todo estaba concentrado en sus manos; a su
muerte se perdió un número entero de Apuntes y
quedaron muchas cosas en el aire. Así las cosas, los
que estábamos más cerca de Ronald en ese momento,
o de SpanSIG, que éramos Jack Segura, Osvaldo Blanco,
Vivian Isaak, Carlos Rivera y no me acuerdo quién más,
decidimos que era importante darle al grupo una estructura con
diferentes funciones y sistemas de apoyo, para que no volviera
a ocurrir eso de que todo dependiera de una sola persona. Y
a partir de entonces hemos ido dando cuerpo a esa idea y fortaleciéndola.
A todo esto,
le quería preguntar si fue usted quien decidió
también iniciar la división de ruso de la ATA.
SG - No,
los rusos empezamos como grupo de intereses especiales (SIG)
también en el New York Circle. En realidad, ese grupo
ya existía en el NYCT, pero lo único que hacían
era ir a comer una vez por mes a un restaurante ruso, nada más.
En los años 80 empezaron a llegar a Nueva York muchos
rusos y ucranianos, y comenzó a haber mucho trabajo en
ruso, principalmente de interpretación. Un día,
un cliente que me daba trabajos de traducción a todos
los idiomas, me mandó un artículo que había
salido en un periódico ruso sobre el viaje a Rusia de
personas muy importantes. Y cuando llegaron a Rusia, con intención
de establecer contactos comerciales, no pudieron comunicarse
bien con sus contrapartes y tuvieron que volverse con las manos
vacías. A raíz de aquéllo, me quedé
pensando que Rusia se estaba abriendo al mundo, que iba a haber
mucho intercambio comercial con ese país y que se necesitaría
mucha traducción.
En efecto,
empezó a aumentar el trabajo, pero ocurría que
algunas agencias de traducción que me conocían
me contaban que no se les hacían bien las traducciones
al ruso, por lo que los clientes se quejaban. Y me di cuenta
de que la gente que venía de Rusia no tenía ningún
concepto de la manera como se trabaja aquí. Ellos seguían
trabajando aquí de la misma manera como trabajaban allí,
donde ya eran traductores. Y eso que estaban muy preparados--eran
uno de los grupos de traductores que tenía la formación
más alta de todos los entonces existentes.
LM - ¿Y
en qué fallaban entonces?
SG - No
entregaban, no respetaban las fechas...
LM - Eran
informales.
SG - Sí,
totalmente informales. Justamente ese cliente de quien te hablaba
me había dado aquél artículo el día
en que yo salía para la conferencia de Nueva Orleáns
de la ATA, en 1990. Al leer los detalles del caso en el avión
me dije..: 'A lo mejor esta gente necesita un poco de orientación'.
Y cuando llegué al congreso, el presidente era Leslie
Wilson, y antes de abrir la asamblea general me acerqué
a él y le pregunté si no podría anunciar
en la reunión, que es donde normalmente hay reunida más
gente, que va a convocar una reunión para traductores
de ruso, y que los interesados se reúnan a tal hora y
tal día. La reunión se anunció para ese
mismo día, a las cinco de la tarde, y acudieron trece
personas.
Les expliqué
que yo vivía en Nueva York y que no podía formar
una división con trece personas. Seguidamente les dije
que yo iba a hacer reuniones en Nueva York, y que les iba a
enviar toda la información que tuviéramos, que
publicaríamos listas de todos los socios, y que nos reuniríamos
todos una vez por año durante la conferencia de la ATA.
En New York
University nos proporcionaron una sala, donde nos reuníamos
cinco veces al año. Lo primero que tuve que hacer fue
explicarles en qué consistía la conducta profesional,
porque tenían algunos conceptos muy equivocados. Por
ejemplo, uno comentó que la calidad no importaba porque,
después de todo, nadie entendía nada. Otro dijo
que lo principal era conseguir el trabajo, y que después
no importaba en qué momento se entregaba-- ¡que
iban a tener que esperar! Y otra decía que no entendía
por qué no le aceptaban el trabajo si ella escribía
con una letra muy legible y cuidada. Es decir, tuve que explicarles
hasta las nociones más básicas.
También
se habían traído de Rusia una mentalidad que era
común en su país de origen y que yo conocía
a través de los relatos de mi padre. En Rusia, como la
situación laboral era siempre difícil, cuando
alguien necesitaba un pintor o un mecánico, se presentaba
mucha gente que decía las calificaciones necesarias,
aunque no las tuviera. Y esa mentalidad actuaba todavía
en el grupo de los traductores. De modo que tuve que explicarles
que de ese modo se podían salir con la suya una vez,
pero que cuando el trabajo les saliera mal y hubiera quejas,
ya no los volverían a llamar más. Y luego les
enseñé la importancia de hacerse revisar el trabajo,
sobre todo cuando traducían al inglés.
LM - Así
que, a través de ese grupo empezaron a profesionalizarse,
y hoy ya existe una división de ruso, ¿no?
SG - Claro,
a partir de aquellos encuentros se fueron comunicando entre
ellos y a todos les pareció una buena idea agruparse.
Para formar la división, se necesitaban 21 firmas de
traductores acreditados, y enseguida los del SIG de ruso reunieron
más de 45 firmas. Y ahora, cuando yo salí, teníamos
450 miembros.
LM - ¿Usted
fue administradora de la división de ruso al principio?
SG - Sí.
Después Patricia Newman sugirió que adoptáramos
el nombre de División de idiomas eslavos, para incluir
otros idiomas como el búlgaro, el polaco, el ucraniano...
LM -- ¿Y
parte de la tarea de la División era preparar a los candidatos
para los exámenes de acreditación?
SG - No,
porque, en realidad, la ATA no quiere que se haga eso. Aquí
en Nueva York preparábamos para otros idiomas, pero yo
no tenía a nadie que pudiera preparar para el ruso, y
en ese idioma nunca lo hice. Hablo el ruso corrientemente pero
no lo utilizo a nivel profesional.
LM - Entonces
nunca hubo cursos preparatorios para tomar el examen de acreditación
de ruso, ¿pero sí los hubo para el español?
SG - No,
tampoco los hubo para el español. Lo único que
hubo fue algo que se daba en NYU, pero la ATA no quiere saber
nada de este asunto porque a veces las personas que enseñan
no tienen un nivel muy recomendable. Nosotros en el NYCT hacíamos
cursos preparatorios, y los hacíamos todos los idiomas,
porque yo también estaba al frente de la comisión
de educación continuada.
LM - ¿Parece,
pues, que usted trabajaba más a nivel del NYCT que de
la ATA?
SG - Sí.
LM - ¿En
la ATA proponía iniciativas pero después dejaba
que otros las llevaran a cabo?
SG - Sí.
En la ATA yo era correctora de español y de inglés,
pero tuve que dejar lo del español porque había
demasiados candidatos y no daba abasto, aunque éramos
varios. Todos los años había que preparar muestras,
criticar trabajos, cambiar ideas... y resulta interminable.
Además, en el español resulta más difícil
por la gran variedad de estilos de los diferentes países
hispanohablantes.
LM - Cuál
es su experiencia con la acreditación al idioma español?
Usted, como correctora de pruebas del español, ha visto
muy de cerca lo que ocurre. ¿Cómo está
la situación actualmente y cuáles son sus ideas
al respecto?
SG - Bueno,
es un tema muy delicado, porque en mi opinión la gran
mayoría de los candidatos no tienen idea de lo que se
requiere para ser traductor profesional. Cuando nos reunimos
todos los años en la ATA a tratar este tema, siempre
he dicho que no se debería permitir que cualquier persona
que pague tenga derecho al examen. Es un trabajo muy grande,
de mucha responsabilidad, y se pierde mucho tiempo porque se
presentan muchas personas que de ninguna manera están
preparadas para aprobar el examen. Es, pues un problema muy
grande.
LM - Tal
vez creería usted que contribuiría a evitar esa
cantidad de desaprobados si se publicaran algunos criterios
previos para presentarse. Por ejemplo, algunas de las preguntas
que deberían hacerse los candidatos para darse cuenta
de si pueden presentarse a dar el examen o no.
SG - Bueno,
para eso tenían las prácticas de prueba (Practice
Test). En la ATA hubo una época en que se exigía
aprobar primero un examen que se le enviaba a la persona a la
casa, y que se corregía devolvía con las correcciones
del caso, junto con una indicación del nivel de la persona.
Esto se hacía hace unos cinco años, pero dio resultado,
porque muchísimas personas pagaban $35 para recibir el
examen y después no lo devolvían. Me parece que
a nadie le gusta que no lo aprueban, aunque si se presentan
es porque creen que van a aprobarlo. Que se le mande o no un
practice test no creo que va a afectar a la opinión de
la mayoría.
LM - Yo,
permítame, pienso lo contrario; es decir, si a mí
me envíasen unas prácticas de prueba que me demuestren
un nivel que yo no he alcanzado, desistiría de presentarme
al examen. Eso funcionaría tal vez como un filtro.
SG - El
caso es que no les enviábamos nada que fuera demasiado
técnico. Un traductor nunca sabe exactamente qué
tema le va a tocar. Puede no ser muy experto en esto o aquello,
pero en general tiene que estar preparado para abordar diversos
temas. Debe tener la capacidad de aprender rápido un
vocabulario y un tema.
El examen
es de consulta abierta; es decir, uno puede llevar cualquier
cantidad de diccionarios y tiene una hora para traducir dos
tercios de una hoja, así que yo creo que cualquiera debería
poder aprobarlo.
LM - ¿Le
parece que si no aprueban tantos es porque se presenta mucha
gente que no conoce bien el idioma y que no tiene una buena
cultura general?
SG -- Sí.
Además hay mucha gente que sabe español porque
lo hablan en la casa; pero ha vivido siempre en Estados Unidos
y aquí se usan muchos falsos amigos: en la radio y la
televisión no siempre se oye buen español, y hay
gente que no lee.
LM --¿Usted
cree que sería interesante publicar en el cibersitio
de SpanSIG alguna advertencia sobre los criterios para presentarse
a dar el examen de acreditación de español? Sobre
todo para personas que no son traductores.
SG - Sí,
me imagino que no son traductores porque no entiendo cómo
podrían trabajar con ese nivel de calidad.
LM - Claro,
son personas que aspiran a ser traductores sin saber realmente
de qué se trata, pero buscan una manera de validar sus
aspiraciones. Para llegar a eso habría que formular ciertos
criterios relacionados con la experiencia y la formación.
SG - Yo
creo que se va a llegar a eso en la ATA. Lili Van Vranken, que
es una persona de mucha cultura y muy dedicada, está
muy decidida a mejorar la situación actual. Pero no es
el examen lo que necesita mejorarse, sino el mensaje que se
les dé a los candidatos para que sepan si pueden presentarse
o no.
LM -- ¿Cuál
es el porcentaje de desaprobados?
SG -- Esa
cifra se publica todos los años, pero es más del
95% en el español.
LM -- ¿Y
cuántas personas se presentan todos los años para
el examen de español?
SG - Mucha
gente, más de cien.
LM -- ¿Qué
piensa de una certificación oficial de capacitación
del traductor? Yo no digo que el traductor de escuela sea necesariamente
mejor que el empírico, pero pienso que la certificación
convendría para mantener un nivel alto de reconocimiento
profesional. En este país existe el sistema de que si
uno demuestra tener idoneidad en una profesión, aunque
no la haya estudiado formalmente en la universidad, le dan certificado
de profesional. Así es como se otorgan certificados de
arquitecto, ingeniero, carpintero, etc.
Yo veo que
en estos momentos tenemos el certificado de la ATA por un lado
y el de NAJIT por el otro. Sé por experiencia propia
que el de la ATA es bastante reconocido últimamente,
y que para ciertas traducciones que necesitan llevar la firma
del traductor los clientes exigen la acreditación y el
número de socio de la ATA. Pero no sé si esta
acreditación es realmente suficiente o si los diferentes
estados deberían organizarse en combinación con
universidades para otorgar un certificado de capacitación
al traductor.
SG - Eso
es muy problemático, porque tenemos muy pocos programas
para traductores en este país. Y como es un sistema federal,
un estado puede aceptarlo y otro no. Y me parece que el gobierno
no está muy interesado en eso tampoco.
LM - Durante
el gobierno de Clinton se había propuesto legislar la
necesidad de traducir la información relacionada con
áreas de seguridad y salud en todo el país.
SG - Bueno,
creo que especialmente en todo lo relacionado con la salud es
donde se verá alguna legislación, porque los médicos
tienen un miedo fatal a los pleitos.
LM -- Justamente
me llegó un informe que se publicó en Internet,
de un grupo que hizo un estudio de los hospitales de todo el
país, donde se ve que los que no hablan inglés
bien y no tienen servicios de traducción e interpretación
no reciben los mismos beneficios, como por ejemplo entender
los medicamentos, los diagnósticos, y terminan perjudicándose
la salud por no haber entendido lo que les decía el médico.
SG - Sí,
no sólo eso, sino que tenemos personas de otros países
que vienen con otras culturas, y en ciertas culturas un hombre
no puede examinar a una mujer, o a los rusos, por ejemplo les
gustan mucho los medicamentos caseros.
LM - Es
interesante ver que en este país no se trata solamente
de traducir sino de explicarles las pautas culturales. Es decir
que para la persona que trabaja con los idiomas se le abren
posibilidades de hacer carrera como comunicadora, como intermediaria
entre culturas.
SG - Sí,
y eso se podría ampliar más en este país.
LM - La
última cosa que le quería preguntar es cómo
ve usted el papel de la ATA en la globalización del mercado,
algo que sucede hasta cierto punto por el hecho de que se da
la acreditación a traductores de otros países.
SG - Bueno,
yo creo que si aceptamos socios de otros países tenemos
que darles la oportunidad de aprobar el examen también,
porque es un derecho de todos los socios. A menos que se tenga
una categoría especial para estos socios, pero no la
hay, y se les está facilitando tanto la certificación
que hasta los exámenes se están dando en sus propios
países. Y no sólo eso, sino que también
se ha propuesto ofrecer el examen a quienes no son socios.
Pero esto
no es tan fácil como parece, pues se presentarán
ciertas dificultades o exigencias, como pedir pruebas de ser
traductor. Todavía no se ha decidido exactamente qué
se le pedirá al candidato, pero habrá exigencias,
y también se cobrará más, de manera que
tal vez le convenga a esa persona hacerse socio directamente.
LM - ¿Piensa
que esa sería una manera de captar socios?
SG - Yo
no creo que la ATA lo haga para captar socios, sino que más
bien lo hace para abrir horizontes, para darse a conocer mejor
y que sus certificaciones sean válidas en todo el mundo.
Hace años, cuando obtuve mi primera acreditación,
a nadie le interesaba; pero ahora sí hay mucha demanda,
y la ATA quiere que se la reconozca en todo el mundo.
LM - En
realidad, me parece innecesario eso, porque en otros países
hay traductores diplomados, o colegiados, donde no necesitan
a la ATA para traducir porque ya tienen su título de
traductor nacional y su carrera universitaria en el campo de
la traducción. Necesitan la acreditación de la
ATA para traducir el trabajo que les mandan desde aquí,
pero eso no es recíproco, es decir la acreditación
de la ATA no me capacitaría a mí en Argentina
o en España.
O sea que
yo veo que la política de la ATA es dar oportunidad a
extranjeros para que penetren el mercado estadounidense, y de
ese modo, como las tarifas son más bajas en otros países,
les están quitando trabajo a los traductores locales
porque no podemos competir con esas tarifas. Claro que esto
es muy conveniente para las agencias de traducción inscritas
en la ATA, porque aunque la mayoría somos traductores
independientes, son ellas las que se benefician y somos nosotros
quienes nos perjudicamos.
SG - Sí,
las agencias se benefician.
LM - Por
lo tanto nosotros, SpanSIG, que somos un grupo pequeño,
hemos adoptado la política proteccionista al permitir
que solamente los traductores e intérpretes radicados
en Estados Unidos puedan figurar en nuestro directorio. A los
socios de otros países les hemos explicado que hemos
adoptado esta medida con el fin de ayudar a los socios nacionales,
que son la mayoría, en la pequeña medida que nos
corresponde. Y somos la única organización que
protege al traductor local, porque nadie más lo protege,
y la ATA, que es la organización madre, más bien
lo desprotege.
SG - Sí,
pero yo creo que la globalización es inevitable.
LM - Claro,
pero por qué echarle leña al fuego. La globalización
va a ocurrir, pero a lo mejor no va a ocurrir de la misma manera.
Por ejemplo, si a mi me piden la acreditación para hacer
una traducción aquí en Nueva York, no debería
ser lo mismo que pedírsela a uno que vive en otro país,
aunque tenga la misma acreditación, porque yo vivo aquí
y entiendo esta cultura de una manera que no la puede entender
el que vive en el extranjero.
SG -- ¿Y
qué podemos hacer?
LM - Si
se hubiera puesto a votación, yo hubiera votado en contra
de esa decisión, pero fue una decisión que tomó
el directorio de la ATA y justificó a posteriori con
un estudio que hemos rebatido en las páginas de Apuntes
(Primavera 2000). La decisión no fue objetiva y no se
pudo discutir antes de que se tomara. Es decir, que no fue una
decisión democrática.
SG -- Yo
creo que es una política tan radical para la ATA que
debió haberse puesto a votación de todos los socios,
pero no se hizo así.
LM - Eso
realmente es inadmisible, porque esa política afecta
directamente al bolsillo de muchos socios. Es muy fácil
decir que la globalización no se puede evitar, pero la
ATA, bajo la cual me cobijo, facilita el éxodo de trabajo
al extranjero.
¿Querría
agregar algo más antes de concluir?
SG - Quiero
decir algo sobre el voluntariado. Todas estas organizaciones,
incluida la ATA, el NYCT, SpanSIG, existen gracias a los esfuerzos
de los voluntarios. Incluso en el programa de acreditación,
que depende tanto de los correctores, a éstos se les
paga muy poco, lo que resulta contraproducente pues el que se
dedica a ello pierde dinero, ya que en ese mismo tiempo hubiera
podido ganar mucho más trabajando.
Estas organizaciones
que son tan importantes para el traductor, dependen de sus voluntarios.
Imagínate si de repente los voluntarios decidieran no
aportar más sus esfuerzos; todos los traductores e intérpretes
que se benefician de estas asociaciones quedarían en
una situación muy precaria, yendo cada uno por su lado.
Es, pues, muy importante entender el valor del voluntariado.
Y yo diría que cualquier cosa que alguien pueda aportar,
que no necesita ser muy complicado-- pasar algo a máquina,
o ir al correo-- cualquier cosa que haga redunda en beneficio
de todos los demás y es muy importante.
Y otra cosa
quería agregar: después del 11 de septiembre del
año pasado--y yo sé que tú pusiste el aviso
aquí--yo participé como intérprete en la
ayuda a los afectados por el atentado, y fue una experiencia
tremenda. Allí acudían muchas personas de origen
humilde que perdieron sus ingresos, y necesitaban información.
Eran unas treinta mil personas las que se quedaron sin trabajo
de repente. Y para mí fue una gran satisfacción
poder ayudar en esa situación. Y lo mismo vale para trabajar
para la ATA o el NYCT, pues me hace sentirme bien, es una satisfacción
muy especial, de otro orden. Ver levantarse una organización
que ayuda a los colegas es una recompensa muy especial.
LM - Es
verdad, y esperemos que el espíritu de voluntariado se
mantenga siempre, porque eso es lo que da vida a todo lo que
hacemos.
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