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Volumen 10, Número 3

Verano de 2002

 
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Apuntes habla con Susana Greiss

Fundadora de SpanSIG y defensora del sistema de voluntariado

Susana Greiss nació en Rusia, país del que emigró con su familia a la edad de 4 años para radicarse en Uruguay, donde cursó sus estudios primarios y secundarios. Vivió también en Argentina y Brasil, antes de radicarse definitivamente en los Estados Unidos.
Aquí nos habla de su experiencia como traductora y organizadora de grupos voluntarios de traductores e intérpretes del New York Circle of Translators (NYCT) y de la ATA, así como las situaciones y condiciones que dieron origen a tales grupos y a su posterior evolución.


LM - Susana, querríamos que nos hable del nacimiento de SpanSIG: ¿Por qué tuvo esa idea y por qué en español?

SG - Bueno, yo era socia del NYCT y cuando empezaron no había gente...

LM - ¿En qué año empezó el NYCT?

SG - Eso sería por el 1980, 1982. En esa época venía muy poca gente-- tres o cuatro personas nada más-- y después empezaron a venir más y el NYCT empezó a desarrollarse, particularmente al contar con la colaboración de NYU (Universidad de Nueva York), que nos cedió una sala. Y como NYU empezaba precisamente un programa para traductores, entonces acudían al NYCT muchos estudiantes.

Ahora bien, en esa época yo no pensaba tanto en formar un grupo de traductores de español sino de portugués. Porque los hispanohablantes aquí tienen muchas salidas y muchas posibilidades de empleo; en cambio, el portugués es mucho más limitado, y los interesados en el portugués son personas que no han vivido aquí mucho tiempo. Como no nos conocíamos, yo buscaba la manera de identificarnos y formar un grupo de traductores de portugués. Un día, en una cena, conocí a Edna Ditaranto, y ella me dijo que tenía la idea de formar un grupo de portugués, por las mismas razones que las mías. Al ver que ella podía empezar con el grupo de portugués, me decidí a empezar yo un grupo de español.

LM -¿Usted traducía al portugués y al español?

SG - Sí, trabajé de secretaria trilingüe en Brasil y traducía tres idiomas. Allí nos trataban muy bien, pero cuando llegué a Estados Unidos la situación era muy diferente. No quise seguir trabajando como secretaria, sino que preferí dedicarme exclusivamente a las traducciones. Había aprendido a traducir en el trabajo. No tenía formación universitaria, pero estudié dos años de idiomas antes de empezar a trabajar como secretaria.

En Estados Unidos busqué empleo de traductora y me contrataron en una compañía de reaseguros donde trabajé ocho años. En 1980, por motivos personales, dejé ese trabajo y resolví iniciarme como traductora independiente. Era difícil conseguir trabajo y en mis averiguaciones me enteré de que existían la ATA y el NYCT. Enseguida me hice socia de la ATA. Mientras tanto había obtenido mi Bachelor's Degree. Y para reunir más credenciales en mi currículo, me presenté a los exámenes de acreditación de la ATA y con el tiempo acumulé cinco acreditaciones: en español, francés, portugués, inglés e italiano. Había tomado cursos en todos estos idiomas.

Pero volviendo al tema que nos interesa, en 1980 formé el grupo de español. Éramos pocos los que nos reuníamos y no estábamos muy bien organizados.

LM - ¿Usted tenía idea de lo que querían hacer como grupo?

SG - Sí, pero el grupo era demasiado diverso. No todos eran traductores profesionales: algunos eran intérpretes, otros estudiantes. Venían a ver en qué les podía servir el grupo, pero nadie aportaba ideas ni se ofrecía para hacer nada-- eran demasiado pasivos. Pero como yo para esa fecha ya había cumplido los 65 años para la jubilación, se me limitaba lo que podía ganar y me sobraba el tiempo. Pensé que podía hacer alguna cosa útil.

LM - ¿Cuándo se le ocurrió el nombre de SpanSIG?

SG - Yo escribía un boletín de una o dos hojas para mantener a esta gente informada de las fechas en que nos íbamos a reunir, las listas de la gente que venía a las reuniones, y algunas otras cosas. Y para darle un nombre usé el Spanish Special Interest Group, que ya existía, y por eso el primer boletín se llamó SpanSIG News.

LM - ¿En la ATA había otros grupos de intereses especiales en esos momentos, otros SIGs?

SG - No, en la ATA no había Special Interest Groups, sino divisiones. Las divisiones eran entonces la científica, que no existe más, la literaria, que sí existe, y una división de japonés. Ahora en cambio la ATA tiene como doce.

LM - ¿Cómo se organizó SpanSIG al comienzo, cuando se adoptó una organización más formal para el grupo?

SG - Al principio yo era la única que llevaba el peso del grupo. Venían con regularidad algunas personas, como Ronald Torres, que era muy asiduo, pero cuando yo convoqué una reunión para formar un comité organizador de tareas, no vino nadie. Después, en cierto momento, sí logramos formar el comité, integrado por Henriette Goldstein, Cynthia Ventura, Vivian Isaac, Ronald Torres y yo.

Ahora bien, yo en esos momentos ya había formado también un grupo de ruso, y como ellos en ese comité de SpanSIG tenían muchos proyectos y vi que todo andaba bien encaminado, les dije que ellos se dedicaran al grupo de español y que yo me concentraría en el de ruso. Por suerte esas personas tenían buenas ideas y el grupo no desapareció. El problema con estos grupos suele ser que cuando se va su fundador el grupo se desmorona.

LM - Eso que dice de la desaparición de los grupos es muy interesante, porque cuando murió Ronald, en 1994, nos dimos cuenta de que realmente todo estaba concentrado en sus manos; a su muerte se perdió un número entero de Apuntes y quedaron muchas cosas en el aire. Así las cosas, los que estábamos más cerca de Ronald en ese momento, o de SpanSIG, que éramos Jack Segura, Osvaldo Blanco, Vivian Isaak, Carlos Rivera y no me acuerdo quién más, decidimos que era importante darle al grupo una estructura con diferentes funciones y sistemas de apoyo, para que no volviera a ocurrir eso de que todo dependiera de una sola persona. Y a partir de entonces hemos ido dando cuerpo a esa idea y fortaleciéndola.

A todo esto, le quería preguntar si fue usted quien decidió también iniciar la división de ruso de la ATA.

SG - No, los rusos empezamos como grupo de intereses especiales (SIG) también en el New York Circle. En realidad, ese grupo ya existía en el NYCT, pero lo único que hacían era ir a comer una vez por mes a un restaurante ruso, nada más. En los años 80 empezaron a llegar a Nueva York muchos rusos y ucranianos, y comenzó a haber mucho trabajo en ruso, principalmente de interpretación. Un día, un cliente que me daba trabajos de traducción a todos los idiomas, me mandó un artículo que había salido en un periódico ruso sobre el viaje a Rusia de personas muy importantes. Y cuando llegaron a Rusia, con intención de establecer contactos comerciales, no pudieron comunicarse bien con sus contrapartes y tuvieron que volverse con las manos vacías. A raíz de aquéllo, me quedé pensando que Rusia se estaba abriendo al mundo, que iba a haber mucho intercambio comercial con ese país y que se necesitaría mucha traducción.

En efecto, empezó a aumentar el trabajo, pero ocurría que algunas agencias de traducción que me conocían me contaban que no se les hacían bien las traducciones al ruso, por lo que los clientes se quejaban. Y me di cuenta de que la gente que venía de Rusia no tenía ningún concepto de la manera como se trabaja aquí. Ellos seguían trabajando aquí de la misma manera como trabajaban allí, donde ya eran traductores. Y eso que estaban muy preparados--eran uno de los grupos de traductores que tenía la formación más alta de todos los entonces existentes.

LM - ¿Y en qué fallaban entonces?

SG - No entregaban, no respetaban las fechas...

LM - Eran informales.

SG - Sí, totalmente informales. Justamente ese cliente de quien te hablaba me había dado aquél artículo el día en que yo salía para la conferencia de Nueva Orleáns de la ATA, en 1990. Al leer los detalles del caso en el avión me dije..: 'A lo mejor esta gente necesita un poco de orientación'. Y cuando llegué al congreso, el presidente era Leslie Wilson, y antes de abrir la asamblea general me acerqué a él y le pregunté si no podría anunciar en la reunión, que es donde normalmente hay reunida más gente, que va a convocar una reunión para traductores de ruso, y que los interesados se reúnan a tal hora y tal día. La reunión se anunció para ese mismo día, a las cinco de la tarde, y acudieron trece personas.

Les expliqué que yo vivía en Nueva York y que no podía formar una división con trece personas. Seguidamente les dije que yo iba a hacer reuniones en Nueva York, y que les iba a enviar toda la información que tuviéramos, que publicaríamos listas de todos los socios, y que nos reuniríamos todos una vez por año durante la conferencia de la ATA.

En New York University nos proporcionaron una sala, donde nos reuníamos cinco veces al año. Lo primero que tuve que hacer fue explicarles en qué consistía la conducta profesional, porque tenían algunos conceptos muy equivocados. Por ejemplo, uno comentó que la calidad no importaba porque, después de todo, nadie entendía nada. Otro dijo que lo principal era conseguir el trabajo, y que después no importaba en qué momento se entregaba-- ¡que iban a tener que esperar! Y otra decía que no entendía por qué no le aceptaban el trabajo si ella escribía con una letra muy legible y cuidada. Es decir, tuve que explicarles hasta las nociones más básicas.

También se habían traído de Rusia una mentalidad que era común en su país de origen y que yo conocía a través de los relatos de mi padre. En Rusia, como la situación laboral era siempre difícil, cuando alguien necesitaba un pintor o un mecánico, se presentaba mucha gente que decía las calificaciones necesarias, aunque no las tuviera. Y esa mentalidad actuaba todavía en el grupo de los traductores. De modo que tuve que explicarles que de ese modo se podían salir con la suya una vez, pero que cuando el trabajo les saliera mal y hubiera quejas, ya no los volverían a llamar más. Y luego les enseñé la importancia de hacerse revisar el trabajo, sobre todo cuando traducían al inglés.

LM - Así que, a través de ese grupo empezaron a profesionalizarse, y hoy ya existe una división de ruso, ¿no?

SG - Claro, a partir de aquellos encuentros se fueron comunicando entre ellos y a todos les pareció una buena idea agruparse. Para formar la división, se necesitaban 21 firmas de traductores acreditados, y enseguida los del SIG de ruso reunieron más de 45 firmas. Y ahora, cuando yo salí, teníamos 450 miembros.

LM - ¿Usted fue administradora de la división de ruso al principio?

SG - Sí. Después Patricia Newman sugirió que adoptáramos el nombre de División de idiomas eslavos, para incluir otros idiomas como el búlgaro, el polaco, el ucraniano...

LM -- ¿Y parte de la tarea de la División era preparar a los candidatos para los exámenes de acreditación?

SG - No, porque, en realidad, la ATA no quiere que se haga eso. Aquí en Nueva York preparábamos para otros idiomas, pero yo no tenía a nadie que pudiera preparar para el ruso, y en ese idioma nunca lo hice. Hablo el ruso corrientemente pero no lo utilizo a nivel profesional.

LM - Entonces nunca hubo cursos preparatorios para tomar el examen de acreditación de ruso, ¿pero sí los hubo para el español?

SG - No, tampoco los hubo para el español. Lo único que hubo fue algo que se daba en NYU, pero la ATA no quiere saber nada de este asunto porque a veces las personas que enseñan no tienen un nivel muy recomendable. Nosotros en el NYCT hacíamos cursos preparatorios, y los hacíamos todos los idiomas, porque yo también estaba al frente de la comisión de educación continuada.

LM - ¿Parece, pues, que usted trabajaba más a nivel del NYCT que de la ATA?

SG - Sí.

LM - ¿En la ATA proponía iniciativas pero después dejaba que otros las llevaran a cabo?

SG - Sí. En la ATA yo era correctora de español y de inglés, pero tuve que dejar lo del español porque había demasiados candidatos y no daba abasto, aunque éramos varios. Todos los años había que preparar muestras, criticar trabajos, cambiar ideas... y resulta interminable. Además, en el español resulta más difícil por la gran variedad de estilos de los diferentes países hispanohablantes.

LM - Cuál es su experiencia con la acreditación al idioma español? Usted, como correctora de pruebas del español, ha visto muy de cerca lo que ocurre. ¿Cómo está la situación actualmente y cuáles son sus ideas al respecto?

SG - Bueno, es un tema muy delicado, porque en mi opinión la gran mayoría de los candidatos no tienen idea de lo que se requiere para ser traductor profesional. Cuando nos reunimos todos los años en la ATA a tratar este tema, siempre he dicho que no se debería permitir que cualquier persona que pague tenga derecho al examen. Es un trabajo muy grande, de mucha responsabilidad, y se pierde mucho tiempo porque se presentan muchas personas que de ninguna manera están preparadas para aprobar el examen. Es, pues un problema muy grande.

LM - Tal vez creería usted que contribuiría a evitar esa cantidad de desaprobados si se publicaran algunos criterios previos para presentarse. Por ejemplo, algunas de las preguntas que deberían hacerse los candidatos para darse cuenta de si pueden presentarse a dar el examen o no.

SG - Bueno, para eso tenían las prácticas de prueba (Practice Test). En la ATA hubo una época en que se exigía aprobar primero un examen que se le enviaba a la persona a la casa, y que se corregía devolvía con las correcciones del caso, junto con una indicación del nivel de la persona. Esto se hacía hace unos cinco años, pero dio resultado, porque muchísimas personas pagaban $35 para recibir el examen y después no lo devolvían. Me parece que a nadie le gusta que no lo aprueban, aunque si se presentan es porque creen que van a aprobarlo. Que se le mande o no un practice test no creo que va a afectar a la opinión de la mayoría.

LM - Yo, permítame, pienso lo contrario; es decir, si a mí me envíasen unas prácticas de prueba que me demuestren un nivel que yo no he alcanzado, desistiría de presentarme al examen. Eso funcionaría tal vez como un filtro.

SG - El caso es que no les enviábamos nada que fuera demasiado técnico. Un traductor nunca sabe exactamente qué tema le va a tocar. Puede no ser muy experto en esto o aquello, pero en general tiene que estar preparado para abordar diversos temas. Debe tener la capacidad de aprender rápido un vocabulario y un tema.

El examen es de consulta abierta; es decir, uno puede llevar cualquier cantidad de diccionarios y tiene una hora para traducir dos tercios de una hoja, así que yo creo que cualquiera debería poder aprobarlo.

LM - ¿Le parece que si no aprueban tantos es porque se presenta mucha gente que no conoce bien el idioma y que no tiene una buena cultura general?

SG -- Sí. Además hay mucha gente que sabe español porque lo hablan en la casa; pero ha vivido siempre en Estados Unidos y aquí se usan muchos falsos amigos: en la radio y la televisión no siempre se oye buen español, y hay gente que no lee.

LM --¿Usted cree que sería interesante publicar en el cibersitio de SpanSIG alguna advertencia sobre los criterios para presentarse a dar el examen de acreditación de español? Sobre todo para personas que no son traductores.

SG - Sí, me imagino que no son traductores porque no entiendo cómo podrían trabajar con ese nivel de calidad.

LM - Claro, son personas que aspiran a ser traductores sin saber realmente de qué se trata, pero buscan una manera de validar sus aspiraciones. Para llegar a eso habría que formular ciertos criterios relacionados con la experiencia y la formación.

SG - Yo creo que se va a llegar a eso en la ATA. Lili Van Vranken, que es una persona de mucha cultura y muy dedicada, está muy decidida a mejorar la situación actual. Pero no es el examen lo que necesita mejorarse, sino el mensaje que se les dé a los candidatos para que sepan si pueden presentarse o no.

LM -- ¿Cuál es el porcentaje de desaprobados?

SG -- Esa cifra se publica todos los años, pero es más del 95% en el español.

LM -- ¿Y cuántas personas se presentan todos los años para el examen de español?

SG - Mucha gente, más de cien.

LM -- ¿Qué piensa de una certificación oficial de capacitación del traductor? Yo no digo que el traductor de escuela sea necesariamente mejor que el empírico, pero pienso que la certificación convendría para mantener un nivel alto de reconocimiento profesional. En este país existe el sistema de que si uno demuestra tener idoneidad en una profesión, aunque no la haya estudiado formalmente en la universidad, le dan certificado de profesional. Así es como se otorgan certificados de arquitecto, ingeniero, carpintero, etc.

Yo veo que en estos momentos tenemos el certificado de la ATA por un lado y el de NAJIT por el otro. Sé por experiencia propia que el de la ATA es bastante reconocido últimamente, y que para ciertas traducciones que necesitan llevar la firma del traductor los clientes exigen la acreditación y el número de socio de la ATA. Pero no sé si esta acreditación es realmente suficiente o si los diferentes estados deberían organizarse en combinación con universidades para otorgar un certificado de capacitación al traductor.

SG - Eso es muy problemático, porque tenemos muy pocos programas para traductores en este país. Y como es un sistema federal, un estado puede aceptarlo y otro no. Y me parece que el gobierno no está muy interesado en eso tampoco.

LM - Durante el gobierno de Clinton se había propuesto legislar la necesidad de traducir la información relacionada con áreas de seguridad y salud en todo el país.

SG - Bueno, creo que especialmente en todo lo relacionado con la salud es donde se verá alguna legislación, porque los médicos tienen un miedo fatal a los pleitos.

LM -- Justamente me llegó un informe que se publicó en Internet, de un grupo que hizo un estudio de los hospitales de todo el país, donde se ve que los que no hablan inglés bien y no tienen servicios de traducción e interpretación no reciben los mismos beneficios, como por ejemplo entender los medicamentos, los diagnósticos, y terminan perjudicándose la salud por no haber entendido lo que les decía el médico.

SG - Sí, no sólo eso, sino que tenemos personas de otros países que vienen con otras culturas, y en ciertas culturas un hombre no puede examinar a una mujer, o a los rusos, por ejemplo les gustan mucho los medicamentos caseros.

LM - Es interesante ver que en este país no se trata solamente de traducir sino de explicarles las pautas culturales. Es decir que para la persona que trabaja con los idiomas se le abren posibilidades de hacer carrera como comunicadora, como intermediaria entre culturas.

SG - Sí, y eso se podría ampliar más en este país.

LM - La última cosa que le quería preguntar es cómo ve usted el papel de la ATA en la globalización del mercado, algo que sucede hasta cierto punto por el hecho de que se da la acreditación a traductores de otros países.

SG - Bueno, yo creo que si aceptamos socios de otros países tenemos que darles la oportunidad de aprobar el examen también, porque es un derecho de todos los socios. A menos que se tenga una categoría especial para estos socios, pero no la hay, y se les está facilitando tanto la certificación que hasta los exámenes se están dando en sus propios países. Y no sólo eso, sino que también se ha propuesto ofrecer el examen a quienes no son socios.

Pero esto no es tan fácil como parece, pues se presentarán ciertas dificultades o exigencias, como pedir pruebas de ser traductor. Todavía no se ha decidido exactamente qué se le pedirá al candidato, pero habrá exigencias, y también se cobrará más, de manera que tal vez le convenga a esa persona hacerse socio directamente.

LM - ¿Piensa que esa sería una manera de captar socios?

SG - Yo no creo que la ATA lo haga para captar socios, sino que más bien lo hace para abrir horizontes, para darse a conocer mejor y que sus certificaciones sean válidas en todo el mundo. Hace años, cuando obtuve mi primera acreditación, a nadie le interesaba; pero ahora sí hay mucha demanda, y la ATA quiere que se la reconozca en todo el mundo.

LM - En realidad, me parece innecesario eso, porque en otros países hay traductores diplomados, o colegiados, donde no necesitan a la ATA para traducir porque ya tienen su título de traductor nacional y su carrera universitaria en el campo de la traducción. Necesitan la acreditación de la ATA para traducir el trabajo que les mandan desde aquí, pero eso no es recíproco, es decir la acreditación de la ATA no me capacitaría a mí en Argentina o en España.

O sea que yo veo que la política de la ATA es dar oportunidad a extranjeros para que penetren el mercado estadounidense, y de ese modo, como las tarifas son más bajas en otros países, les están quitando trabajo a los traductores locales porque no podemos competir con esas tarifas. Claro que esto es muy conveniente para las agencias de traducción inscritas en la ATA, porque aunque la mayoría somos traductores independientes, son ellas las que se benefician y somos nosotros quienes nos perjudicamos.

SG - Sí, las agencias se benefician.

LM - Por lo tanto nosotros, SpanSIG, que somos un grupo pequeño, hemos adoptado la política proteccionista al permitir que solamente los traductores e intérpretes radicados en Estados Unidos puedan figurar en nuestro directorio. A los socios de otros países les hemos explicado que hemos adoptado esta medida con el fin de ayudar a los socios nacionales, que son la mayoría, en la pequeña medida que nos corresponde. Y somos la única organización que protege al traductor local, porque nadie más lo protege, y la ATA, que es la organización madre, más bien lo desprotege.

SG - Sí, pero yo creo que la globalización es inevitable.

LM - Claro, pero por qué echarle leña al fuego. La globalización va a ocurrir, pero a lo mejor no va a ocurrir de la misma manera. Por ejemplo, si a mi me piden la acreditación para hacer una traducción aquí en Nueva York, no debería ser lo mismo que pedírsela a uno que vive en otro país, aunque tenga la misma acreditación, porque yo vivo aquí y entiendo esta cultura de una manera que no la puede entender el que vive en el extranjero.

SG -- ¿Y qué podemos hacer?

LM - Si se hubiera puesto a votación, yo hubiera votado en contra de esa decisión, pero fue una decisión que tomó el directorio de la ATA y justificó a posteriori con un estudio que hemos rebatido en las páginas de Apuntes (Primavera 2000). La decisión no fue objetiva y no se pudo discutir antes de que se tomara. Es decir, que no fue una decisión democrática.

SG -- Yo creo que es una política tan radical para la ATA que debió haberse puesto a votación de todos los socios, pero no se hizo así.

LM - Eso realmente es inadmisible, porque esa política afecta directamente al bolsillo de muchos socios. Es muy fácil decir que la globalización no se puede evitar, pero la ATA, bajo la cual me cobijo, facilita el éxodo de trabajo al extranjero.

¿Querría agregar algo más antes de concluir?

SG - Quiero decir algo sobre el voluntariado. Todas estas organizaciones, incluida la ATA, el NYCT, SpanSIG, existen gracias a los esfuerzos de los voluntarios. Incluso en el programa de acreditación, que depende tanto de los correctores, a éstos se les paga muy poco, lo que resulta contraproducente pues el que se dedica a ello pierde dinero, ya que en ese mismo tiempo hubiera podido ganar mucho más trabajando.

Estas organizaciones que son tan importantes para el traductor, dependen de sus voluntarios. Imagínate si de repente los voluntarios decidieran no aportar más sus esfuerzos; todos los traductores e intérpretes que se benefician de estas asociaciones quedarían en una situación muy precaria, yendo cada uno por su lado. Es, pues, muy importante entender el valor del voluntariado. Y yo diría que cualquier cosa que alguien pueda aportar, que no necesita ser muy complicado-- pasar algo a máquina, o ir al correo-- cualquier cosa que haga redunda en beneficio de todos los demás y es muy importante.

Y otra cosa quería agregar: después del 11 de septiembre del año pasado--y yo sé que tú pusiste el aviso aquí--yo participé como intérprete en la ayuda a los afectados por el atentado, y fue una experiencia tremenda. Allí acudían muchas personas de origen humilde que perdieron sus ingresos, y necesitaban información. Eran unas treinta mil personas las que se quedaron sin trabajo de repente. Y para mí fue una gran satisfacción poder ayudar en esa situación. Y lo mismo vale para trabajar para la ATA o el NYCT, pues me hace sentirme bien, es una satisfacción muy especial, de otro orden. Ver levantarse una organización que ayuda a los colegas es una recompensa muy especial.

LM - Es verdad, y esperemos que el espíritu de voluntariado se mantenga siempre, porque eso es lo que da vida a todo lo que hacemos.

 
   
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