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Presentes
por orden de llegada: María Arrillaga, Leticia Molinero, Nick
Herman, Madeline Vega, Aída Cervantes, Elena
Mackenzie, María Barros
Madeline
Vega y María Arrillaga se enteraron de SpanSIG a través de Jacquie
Baerstchi y habían avisado que vendrían.
Ambas son profesionales en sus respectivos campos de enseñanza
superior pero desean ampliar sus actividades al ámbito de la
traducción literaria. Ya
han hecho traducciones pero consideran dedicarse más seriamente a
esta actividad. Nick
Herman está estudiando traducción en NYU. Madeline y María son puertorriqueñas y Nick es
estadounidense. Aída Cervantes es mexicana y su trayectoria
profesional es en el campo de las relaciones internacionales; había
asistido a nuestra jornada del 25 de febrero de este año.
Madeline
quiere dedicarse a traducir libros infantiles.
Tradujo uno del Dr. Zeus y busca editorial para vender la
traducción. Leticia
observó que traducir libros infantiles le parecía algo sumamente
difícil, puesto que el lenguaje y la cultura infantil seguramente
varía de un país a otro y está sujeta a pautas culturales
diferentes.
Leticia
les explicó la relación de SpanSIG con el NYCT y, en forma más
indirecta, con la ATA y aclaró que no era necesario hacerse socio
de esas organizaciones para ser socios de SpanSIG.
También explicó el directorio electrónico InTradES en
función de la desventaja que se ha creado para los profesionales
radicados en Estados Unidos debido a la globalización del trabajo a
través de Internet, donde se cotizan tarifas muy por debajo de las
que operan en este mercado.
María
Arrillaga tenía interés en averiguar cómo se cotizan las traducciones de
obras literarias y de poesía, y también las traducciones en
general.
Leticia
dijo que era muy interesante que se acercaran traductoras literarias
a SpanSIG pues es una disciplina de traducción que no está
representada entre los socios ni en Apuntes, pero que no se trata de
una omisión intencional sino fortuita.
Expresó su esperanza de que esta situación cambie y de que
las traductoras literarias puedan compartir sus experiencias a través
de Apuntes y de las demás actividades de SpanSIG.
Aclaró
entonces que la mayoría de los traductores que conoce y que son
socios de SpanSIG se dedican a traducciones comerciales, técnicas,
jurídicas, financieras, y que el campo de la traducción literaria
es muy diferente. Las traducciones no literarias en general se cobran por
palabra, pero las literarias, y especialmente la poesía, suelen
cobrarse por una tarifa fijada de antemano entre el traductor y el
cliente.
Otra
diferencia importante es el mercado.
Las traducciones no literarias suelen gestionarse a través
de compañías de traducción, que establecen las tarifas que están
dispuestas a pagar a sus traductores, mientras que las literarias
pueden ser encargadas por autores, casas editoriales o revistas.
Las grandes casas editoriales, como Bantam, seguramente
tienen tarifas más o menos estándar, pero en el caso de autores o
revistas que encargan traducciones esporádicamente, es cuestión de
calcular la dificultad del trabajo y el tiempo que llevaría hacerlo
para calcular una remuneración acorde.
Hablando
de la traducción en general, Leticia dijo que tan importante como
dominar los idiomas de partida y de destino, es la capacidad de
investigar el tema, y que cada traducción siempre presenta nuevas
dificultades. Recomendó leer los artículos de Apuntes, que recogen la
experiencia de muchos traductores, y también las ponencias de la
jornada de traducción e interpretación especializadas que ofreció
SpanSIG con el Instituto Cervantes el 25 de febrero de este año.
Las ponencias se encuentran en el cibersitio de SpanSIG y en
Apuntes.
Se
comentó la palabra “cibersitio”, en vez de sitio Web.
A los presentes les pareció un buen término para el español.
Se aclaró también que el prefijo “ciber” no podría ser con
“y”en español, como es en inglés, porque en nuestro caso no se
usa la “y”para caracterizar el fonema “si” (“ci”).
También
se cuestionó hasta qué punto las traducciones debían ser puristas.
El término purista parece apuntar a una posición extrema e
intransigente, pero en realidad se trata de emplear un español
correcto y ajustarse a la norma culta, sin caer en los términos del
hablar diario. Leticia
recomendó la lectura del libro “En defensa apasionada del español”,
de Álex Grijelmo, reseñado en Apuntes, Primavera 2001, y citó el
fenómeno que ocurrió con el idioma de los deportes, en particular
el fútbol. Al
principio se copiaban fonéticamente las palabras inglesas pero
posteriormente fueron reemplazadas por términos propiamente españoles.
También
indicó que hay varios artículos sobre Spanglish en Apuntes,
empezando con el número de otoño de 1995, que hoy se encuentran en
la ciberteca.
María
A. dijo que la traducción literaria era un campo más subjetivo y más
bien creativo. A raíz
de esta observación se habló de las diferentes traducciones al
español de las obras de Kafka, por ejemplo, y de la importancia de
los conocimientos y la sensibilidad del traductor.
A
eso de las 8 menos cuarto llegó María Barros, a quien se había
mencionado antes por su ponencia sobre la traducción especializada.
María Barros explicó cómo están cambiando las condiciones
de trabajo en la ONU, donde se pide mayor productividad mediante el
empleo de auxiliares de traducción como el sistema de dictado
Dragon, pero dijo que aparentemente es un sistema que funciona mejor
cuando se establece una memoria de traducción en torno a un tema,
no cuando se cambia constantemente de tema. Otro problema del Dragon
es que utiliza mucha memoria y prácticamente necesita una
computadora dedicada exclusivamente a ese programa.
Durante
la velada se tocaron además los temas de la medicina occidental y
la china, la controversia que se creó en torno a la “traición”
de la Malinche mexicana, la cual se ha comparado con la Pocahontas
norteamericana, y se citaron algunas de las ponencias de la jornada
de traducción e interpretación de SpanSIG con el Instituto
Cervantes, el 25 de febrero, que también se encuentran en este
cibersitio.
El
encuentro se prolongó hasta las 8 y 15.
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