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Traducción escrita y traducción
simultánea.
Daniel Scherr
Me da muchísimo gusto ver un público
tan nutrido esta tarde. El título de mi ponencia es la traducción
simultánea frente a la traducción escrita, y por la correspondencia
que me llegó la semana pasada, constaté que ese título suscitó
cierta polémica. Volveremos a la terminología en un momento. Antes de
seguir, sin embargo, me gustaría preguntar: ¿Cuántos de vosotros sois
traductores? ¿Cuántos sois intérpretes? ¿Cuántos hacéis las dos
cosas? ¿Cuántos habéis trabajado dentro de una cabina de traducción
simultánea durante el último año o cuántos habéis estado en una
conferencia con traducción simultánea, escuchando o monitoreando (monitorizando)
a los intérpretes?
Cuando propuse el tema de mi ponencia, el
comité organizador lo cambió. Cuando pregunté el por qué de este
cambio, se me contestó, y cito: No entendemos el título de tu ponencia
por la simple razón de que no existe "traducción simultánea".
Esta aseveración me sorprendió muchísimo y contesté que el
término "traducción simultánea" figura en el Diccionario
Salamanca y el Diccionario de la Real Academia, que podéis consultar en
esta misma biblioteca. La nueva edición del Diccionario de la Academia,
pone, por ejemplo, "La que se hace oralmente al mismo tiempo que se
está pronunciando un discurso, conferencia, etc." Que conste: Yo
no tengo nada en contra de la frase "interpretación simultánea",
que también se dice. Sin ir más lejos, traigo el libro de mi profesor,
Isidoro Calín, "Historias de la interpretación simultánea".
Pero escogí la frase "traducción simultánea" por la
simetría que tiene con "traducción escrita". Y es que en
España, por lo menos, muchísima gente utiliza la expresión "traducción
simultánea". Yo digo traducción simultánea, aunque digo que soy
intérprete. Pero ojo: si en España, si dices eso, a secas, la gente
muy bien puede pensar que eres o músico o actor. Y si después de una
presentación televisada del jefe de estado con traducción simultánea,
alguien dice, "Oye, no me gusta cómo le han traducido a Aznar",
no es tan ambiguo como "No me gusta cómo le han interpretado a
Aznar".
De todos modos, creo que es muy
importante fijarse en lo que la dice la gente, así que recurrí a una
valiosísima herramienta que acaba de poner en marcha la Real Academia:
su base de datos. Hice una búsqueda del término "traducción
simultánea" y encontré unos 45 ejemplos. La mayoría son de
España, pero también los hay de Venezuela, Colombia, Cuba y Argentina,
Y esa mayoría española no es necesariamente significativa; es posible
que la base de datos de la Academia cuente con más fuentes peninsulares,
proporcionalmente hablando, que americanas. Si ustedes me permiten, me
gustaría citar algunos ejemplos...
Ante el resto de ministros europeos de
Pesca, Baldry evocó el problema de que el pescado británico se lo
llevan empresas pesqueras que no son inglesas y que, en su opinión, son
en su mayoría de capital español. De Palacio escuchaba con traducción
simultánea y, en un
momento, dado, oyó la palabra «saqueo». Tomó entonces la palabra
para replicar a Baldry en un tono poco habitual en un consejo
comunitario, según varios asistentes y habló de «piratería».
El Mundo, 1996 (España)
La siguiente cita forma parte de un
discurso que Castro pronunció en Sudáfrica. La doble referencia a
"traducción simultánea" y "audífonos" no deja
lugar a dudas sobre lo que el jefe de estado cubano entiende por el
término. Además, la cita es larga y farragosa, típica de gran parte
de los discursos con los tiene que bregar el intérprete en los grandes
cónclaves internacionales.
" DISCURSO DE FIDEL CASTRO ANTE EL
PARLAMENTO DE SUDÁFRICA, EN CIUDAD DEL CABO, EL DÍA 4 DE SEPTIEMBRE DE
1998: Honorable Señora Frene Ginwala, presidenta de la Asamblea
Nacional, Honorable señor Patrick Lekota, presidente del Consejo
Nacional de Provincias, señores miembros del Parlamento sudafricano,
distinguidos invitados, mientras volaba hacia Sudáfrica me dijeron que
este discurso debía ser escrito por la necesidad de traducirlo e
imprimirlo para aquellos invitados que no tendrían acceso a la traducción
simultánea. Trataba de
imaginarme cuál sería la impresión que recibiría al llegar a este
Parlamento, qué podía y qué debía decir que mereciera el interés y
la atención de ustedes, que tan amablemente se reunieron para escuchar
mis palabras. Lo que traigo aquí con la ayuda de algunos datos que
llevo conmigo es, pues, solo fruto de la imaginación, como una carta de
amor que se dirige desde miles de millas de distancia a una novia que no
se sabe cómo piensa, qué desea escuchar y ni siquiera qué rostro
tiene. Para mí un discurso es una conversación franca e íntima. Me
acostumbré por eso siempre a conversar y a dialogar con mis
interlocutores mirándoles el rostro y tratando de persuadirlos de lo
que les estoy diciendo. Si en algún momento me salgo de este papel para
añadir algunas cosas que aquí se me ocurran al calor de las ideas,
espero que los que no tienen audífono me perdonen, y los organizadores
y garantes de la
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Bueno, veo que hay una mayoría de
traductores aquí. Esto es lo que pensaba.
Si esta cantidad de gente ha asistido
ahora, piénsese en la cantidad de gente que podría acudir si se
organizara el encuentro en un momento en que tanto intérpretes como
traductores pudieran asistir sin cortapisas de ningún tipo.
Antes mencioné que trabajé en una
combinación muy anormal para mí, francés-español, lo cual nos lleva
a un tema muy polémico en el mundillo de los intérpretes: la
dirección hacia la cual se trabaja. De los traductores, ¿cuántos
trabajan sólo hacia la lengua materna? ¿Cuántos trabajan both ways?
¿Cuántos hacen revisar el trabajo por otro? ¿Influye el sentido en el
que se trabaja en esta decisión?
Y de los intérpretes aquí, ¿cuántos
son partidarios de la traducción simultánea hacia la lengua materna?
¿Y hacia la segunda lengua?
Os cuento mi punto de vista. El
intérprete, según nos comentó una vez Holly Mikkelson, quien a su vez
citaba a algún teórico de la traducción simultánea, es un gestor.
Tiene que descodificar la lengua de entrada y codificar el mensaje en la
lengua de salida. Puede dedicarle más o menos tiempo a cada una de esas
tareas. Si uno es de lengua materna inglesa, como es mi caso, e
interpreta del inglés al castellano, en principio, el sentido lo capta
en seguida, porque está oyendo su propia lengua, y dispone de más
tiempo para plasmar la traducción en el idioma de llegada. Por otra
parte, si traduce del español al inglés, podrá costarle más entender
el acento del orador y tardará más tiempo en esta primera fase de
descodificación. No obstante, al ser el inglés su lengua materna,
podrá pasar el mensaje al inglés con mayor celeridad.
Ya hace casi diez años que hago
traducción simultánea al inglés del castellano y viceversa y sé que
en mi propio caso, tengo mayor rapidez cuando traduzco al español a un
estadounidense, un inglés con un acento más o menos estándar o un
canadiense. Si traduzco del español al inglés, lo puedo hacer bien,
pero siempre y cuando el orador no se acelera demasiado. Quiere decirse
de que puesto a escoger entre un orador rápido en inglés y un orador
rápido en castellano, prefiero al angloparlante.
Cuando uno traduce o interpreta a partir
de una lengua que no es su idioma materno, siempre cabe la posibilidad
de que no entienda el sentido. Pero en la traducción escrita, hay
tiempo para detectar el error. Por eso están los revisores. En la
traducción simultánea, el único revisor que tienes es tu compañero
de cabina y si tienes un buen entendimiento con él o con ella, esa
persona puede ayudarte a evitar un error o superar un escollo la segunda
vez que se presente, pero la primera vez que ocurre, estás tú solo
frente al peligro. Sí, se me objetará, ¿pero la elegancia y el estilo
y el acento?
Creo que en general, el público prefiere
una traducción exacta, que tenga sentido, a una traducción elegante
que se aparta del texto. El blablabla, aun con la prosodia más cuidada,
no dejar de ser blablabla. Si las monsergas son del orador, vale, pero
si las produce un error del intérprete, mal asunto. La ONU exige que
sus intérpretes interpreten hacia su lengua materna, pero no todos. En
las cabinas de árabe y de chino, la interpretación árabe-inglés y
chino-inglés no la hacen intérpretes de lengua materna inglesa.
Escuchando una vez la traducción de un ponente árabe en la ONU, me
sorprendió escuchar un error básico: la confusión entre to make y to
do. Y por supuesto, prácticamente todos los intérpretes a los que
escuché en las cabinas árabe y chino tenían un acento extranjero en
inglés.
En España he trabajado en la cabina
española con muchos intérpretes que tienen el español como lengua
materna. Según la ortodoxia, esta debería ser la combinación idónea:
que un español traduzca al castellano a un orador de lengua inglesa.
Pues no, señores y señoras, no lo es
siempre. Como para muestra vale un botón, veamos unos ejemplos:
El año pasado estaba trabajando en una
conferencia sobre logística. El ponente hablaba del transporte
marítimo y de la importancia de extremar las medidas de seguridad, y
dijo, "Safety comes first, because when you´re at sea, the nearest
point of land may be two miles ...straight down". "La
intérprete dijo: "el punto de tierra más cercano podría
encontrarse a dos millas de distancia", con lo cual perdió el
humor y el doble sentido del ponente.
TV5, una cadena española, ofreció una
traducción simultánea de los debates presidenciales del año 2000. No
batieron ningún récord de audiencia porque los pasaron en vivo a las 3
de la madrugada. Pero los escuché. Era difícil escuchar a los
intérpretes y a los candidatos, cuyas voces se solapaban, pero hubo
unas joyas: Le preguntaron a Bush qué experiencia había tenido que
haría de él un buen gestor y contestó:
Well, I saw the flooding in Del Río, and
let me tell you, that really tests your mettle.
Traducción: Bueno, yo vi las
inundaciones del río y eso te toca la fibra sensible.
Aquí vemos dos cosas: primero, que el
intérprete no sabía que Del Río es un lugar en Tejas, cosa que
hubieran sabido muchos intérpretes norteamericanos. Y tampoco entendió
el significaba de la frase "to test someone´s mettle", que
podría ser "poner a prueba" o "poner a prueba la
entereza de uno", por lo que se sacó de la manga "te toca la
fibra sensible". Una cosa que hacen muchos intérpretes cuando no
entienden, y es sumamente arriesgada, es inventarse una frase que a
ellos les parece razonable en vez de guardar un silencio incómodo.
En varias ocasiones, Bush dijo que su
política en Medio Oriente consistiría en ayudar a los "moderate
Arab states". Y cada vez que él decía "moderate Arab
states", el intérprete decía "estados árabes modernos".
Recuerdo también que en 1992, en los
debates presidenciales, entre Bush, Perot y Clinton, estaban los
candidatos hablando de la asistencia sanitaria y uno habló del Oregon
Plan, lo que el intérprete de Televisión Española vertió como
"el plan orgánico". De nuevo, asistimos a una falta de
conocimiento cultural y una percepción fonéticamente incorrecta.
Ahora bien, todas las ventajas que tiene
el intérprete que traduce a partir de su lengua materna hacia su
segunda lengua desaparecen a partir del momento en que el orador no se
expresa en su lengua materna. No es lo mismo traducir a un
estadounidense hablando en inglés del caso Enron que traducir a un
español hablando en inglés sobre la entercolitis necrotizante. Iré
más lejos. Diría que un español tiene más posibilidades de
interpretar a un español hablando inglés que no un norteamericano.
Un caso concreto. Hace unas semanas,
trabajé en un evento organizado por el sindicato AFL-CIO sobre el la
globalización. Una de las ponentes era una sindicalista de origen chino
que llevaba mucho tiempo trabajando en las fábricas de ropa en Nueva
York. Al finalizar su discurso dijo, "I have been working in the
government for 20 years". Y venga aplaudir y venga aplaudir. Y yo
pensaba, "¿Qué tendrá de tan meritorio haber trabajado durante
20 años para el gobierno?" Hasta que habló más tarde y me di
cuenta de que no había dicho "government", sino
"garment", y que llevaba 20 años trabajando en el mundo de la
confección. Pero como no pronunció "garment" como lo
pronunciaría un hablante nativo, no encajó dentro del abanico de
posibilidades fonéticas y no identifiqué correctamente esa unidad de
significado.
Este problema, el de los ponentes no
nativos, se ve agravado a menudo en los congresos científicos.
Imaginemos un gran congreso médico. Si el congreso se da en Estados
Unidos, lo más probable es que se celebre sin traducción simultánea,
porque esto es Estados Unidos y si uno quiere asistir, más vale que
sepa inglés. Y si no, que no venga.
En Europa, sin embargo, no pueden exigir
que todos hablen y entiendan inglés. Una conferencia médica en España
podría tener traducción simultánea al español, el idioma del país,
con todas las presentaciones en inglés. En los resúmenes de los textos
y el libro de ponencias, el inglés está muy cuidado, porque claro, un
médico español que va a presentar un texto en inglés se lo hace
corregir antes.
Sin embargo, los intérpretes que
trabajan en cabina tienen que bregar con ponentes de todo el mundo. Un
indio, un japonés, un francés o un español hablando inglés pueden
ser auténticas pesadillas. Si uno entiende el tema del que se está
hablando, si hay alguna frase que uno no capta, a lo mejor puede
recurrir a su sentido común y suplirla. Pero si el tema es muy
enrevesado y si encima, no logra descifrar las palabras que dice el
ponente, no hay interpretación posible. Un intérprete que tiene el
inglés como lengua materna no tiene ventaja alguna a la hora de
interpretar a un hablante no nativo del inglés.
Y las conferencias científicas pueden
tener otros factores tensionantes que no existen en la traducción
escrita. El recibir o no el texto con antelación es fundamental. Si uno
dispone del texto que se va a presentar el día siguiente, puede buscar
las palabras problemáticas, puede estar preparado. Lamentablemente, por
mucho que uno pida información previa, no siempre la recibe.
Entonces, tenemos a una persona hablando
un idioma que no es su lengua materna, leyendo un discurso a toda
pastilla porque le acaban de decir que le quedan cinco minutos y él no
va a omitir nada, y para colmo de males, refiriéndose a unas
diapositivas, que uno, desde el rincón derecho allí arriba en el
gallinero, no logra divisar. No descifras los sonidos que emite el
ponente, no lees las palabras que ha escrito en su diapositiva, no
entiendes el tema.
Todos estos problemas provienen de la
oralidad de la traducción simultánea y son un motivo por el que los
congresos científicos no son santo de mi devoción. Quiero dar unos
ejemplos concretos. El año pasado trabajé en un congreso de
perinatología en Barcelona. Como inciso, tal vez convenga señalar que
estaba previsto que asistieran 500 estadounidenses; fueron cuatro. La
conferencia tuvo lugar el 25 de septiembre y muchos tuvieron miedo de
viajar. El ponente, un griego afincado en Inglaterra, estaba hablando de
algo que a mí me sonaba como "mucal translucency". No tenía
idea de lo que era eso, pero decidí optar por "la traslucidez de
la mucosa", porque se hablaba de la mucosa cervical. Vamos, me
parecía una posibilidad. Mi concabina, que tenía la costumbre de
ausentarse de la cabina cuando yo no estaba, estaba diciendo "traslucidez
nuclear", que tampoco tenía ningún sentido para mí, pero además,
yo estaba seguro de que el tío no estaba diciendo nuclear. En el primer
descanso, pregunté a otra intérprete. Era la translucencia nucal, o
sea de la nuca. No conocía la palabra "nucal" en inglés, y
por lo tanto, aunque entendía el acento extranjero del ponente, no
tenía forma de procesarlo. Este ejemplo demuestra otra tendencia que se
ve en la traducción de términos científicos. Ni "translucencia"
ni "nucal" figuran en el Diccionario de la Real Academia. Pero
se dice "translucencia" no "translucidez" cuando se
habla de la "translucencia nucal". Así lo acuñaron los
científicos, tomando una traducción literal del inglés, y así se
dice.
Este mismo científico, una eminencia en
el campo, me hizo dudar mucho en otro momento de su ponencia. El título
de su charla era "cervical length", pero él empezó hablando
de los factores que determinan que un bebé nazca prematuro. Y, añadió,
si nace prematuro, las posibilidades de que tenga algún defecto o no
sobreviva son mayores. De repente, el ponente comenzó a hablar de CERVICAL
LENGTH, y sonaba como si estuviera diciendo SURVICAL LENGTH. No sabía
si estaba hablando del tiempo de supervivencia (SURVIVAL LENGTH), o de
la longitud del cuello uterino (CERVICAL LENGTH). Al final, quedó claro
que estaba hablando de la longitud cervical.
Recuerdo también a un ponente francés,
hablando en francés. Le traducía al inglés. El congreso versaba sobre
"data warehousing", y los de IBM nos había dicho claramente
que en español se decía "data warehousing". Bueno, el tío
estaba hablando en francés y una y otra vez decía algo que no
conseguía entender. Era le wareclause. Cuando oyes algo y no entiendes
lo que está diciendo el ponente, lo tratas de cotejar con todas las
posibilidades que se te ocurran. Pensé, a lo mejor tiene que ver con
"warehouse", pero no sonaba igual. Finalmente, me di cuenta,
después de arreglármelas como pude, de que lo que estaba diciendo era
"the where clause". Estaba hablando en francés, pero esa
frasecita la pronunció en inglés y resultó ininteligible.
Estos problemas fonéticos no existen en
la traducción escrita y combinados con la necesidad de inmediatez,
hacen que la traducción simultánea sea todo un desafío, un desafío
que afrontan miles de intérpretes todos los días.
Iba a terminar aquí, pero me pareció
que eso sería dejar la ponencia coja. He hablado de lo que no me gusta
en la traducción simultánea, pero no de lo que más me gusta, algo que
no he encontrado en la traducción escrita. Es la posibilidad de
encarnar un sinfín de personajes, de ser ellos durante 45 minutos, que
ellos hablen a través de ti. Me he encontrado diciendo cosas que jamás
expresaría como Daniel Sherr, con una fogosidad de la que sería
incapaz en la vida real. El médico del que he hablado arriba, el que
disertaba sobre la longitud cervical, de repente empezó a hablar sobre
las bacterias vaginales. "Hay muchos médicos—decía—que
siempre vigilan la concentración de bacterias en la vagina y luego
recetan antibióticos para controlarlas. Y luego, una vez que dejan de
medicamentarse, suben las concentraciones bacterianas. ¡Claro que suben!
Si Dios, o lo que sea, hubiera querido que no hubiera bacterias en la
vagina de la mujer, no hubiera puesto el ano a 5 centímetros de
distancia. ¡Está claro! Aquello es como la guerra de las trincheras.
Las bacterias suben y bajan". Mientras traducía todo eso, pensé
"No puedo creer que yo esté diciendo eso". Y me resultaba
mucho más fácil porque estaba traduciéndole al español, a un idioma
que no es el mío.
Recuerdo a Chávez, hace más de un año.
Esta vez traducía al inglés. "Señores y señoras—proclamó
--Venezuela estaba como un barco hundido. Habíamos tocado fondo. Ahora,
hemos llegado a la superficie. Y pronto, muy pronto, despegaremos".
Eso fue hace un año.
Y pienso en una compañera que tuvo el
inmenso privilegio de interpretar lo que probablemente fue el discurso
más traducido de 2001: el que pronunció Bush una semana después del
atentado terrorista contra las torres gemelas. Después me lo estuvo
contando. Bush había dicho, "We´ll flush them out." Ella no
estaba segura, pero tuvo que lanzarse, "Los sacaremos de sus
guaridas" .
Cuando te cabe el privilegio de
interpretar en situaciones así, a pesar de todos los problemas que
puedes haber tenido para conseguir el trabajo o para que te paguen o
para llegar a un acuerdo sobre las condiciones de trabajo, la adrenalina
te recorre el cuerpo entero.
Y dices: ¡qué suerte tengo de poder
dedicarme a la interpretación – o traducción – simultánea!
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