Palabras inaugurales de Antonio Garrido
Ya tengo el placer de conocer a algunos de ustedes, pero para aquellos
que no me conocen todavía permítanme que me presente. Soy el director
del Instituto Cervantes y mi nombre es Antonio Garrido, y mi profesión es profesor
universitario.
Agradezco muchísimo que estén aquí, y
agradezco a Leticia el trabajo que se ha tomado para organizar este
tercer seminario de traducción e interpretación.
Es muy interesante comprobar que cuando
se organizan actividades en las instituciones culturales, siempre se
organizan con la mejor voluntad y el mejor deseo, y en algunas ocasiones
la asistencia no es muy numerosa, y se dice que, con todo el cariño y
con todo el esmero que se puso, esta actividad no ha tenido el eco que
se esperaba. Yo creo que eso se debe muchas veces porque se aplican
determinados modelos que se repiten con el tiempo pero que no están muy
en contacto con la realidad, con lo que verdaderamente está pasando.
Mientras yo sea director del Instituto
Cervantes de Nueva York, el Instituto estará abierto a la realidad del
español, no digo de España, sino de esta ciudad y de la zona
triestatal. Y el ejemplo de esta jornada es palpable. Y yo les agradezco
mucho que estén aquí, porque muchas veces se habla del español como
si fuere un ente abstracto, un idioma que cada vez lo hablan más
personas, 35 millones de hablantes aquí, y el aspecto cuantitativo
lleva siempre a un cierto triunfalismo: ¡el español es imparable, el
español...! Pero un momento, ¿qué español? ¿qué ocurre en la
tercera generación? Y sobre todo un idioma con poca presencia en
Internet, con pocos contenidos en Internet, y con un tema clave que es
el tema de la traducción. Es decir, creo que esta jornada, que por
supuesto pensamos hacerla todos los años, y si es necesario hacerla en
dos días será en dos días. El Instituto va a mantener estas jornadas
o lo que sea menester, porque creemos que debemos trabajar con la
realidad, con problemas concretos como los que ustedes van a ver durante
el día.
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