Hace más de un decenio escribí sobre este
tema un artículo en The ATA Chronicle, órgano de la Asociación
Norteamericana de Traductores. En aquélla época todavía estaba por dirimirse
en España la cuestión de si debía decirse computador (o computadora) u
ordenador. Ambos vocablos habían sido ya admitidos en el léxico de la RAE.
El uso peninsular acabó decantándose
decididamente por ordenador, mientras que en América se ha seguido
prefiriendo computador o computadora. Así podían haber seguido las cosas, en
amigable simultaneidad de usos y acepciones, si no fuera porque algunas
empresas españolas han exigido a los traductores norteamericanos, en más de
una ocasión, el cambio de computador a ordenador tanto en las traducciones
destinadas a España como en las dirigidas a América. Esto vuelve a dar
actualidad al tema y me lleva a rastrear más detenidamente que en aquella
primera ocasión el origen un tanto curioso del vocablo ordenador, usado
primero por los franceses ("ordinateur") y después calcado por los españoles.
Resulta que la culpable de toda la polémica
no es otra que la IBM, empresa que por razones históricas nunca ha sido muy
partidaria, ni siquiera en inglés, de la denominación computer, empleada
universalmente por sus competidores. Paradójicamente, la IBM se formó a
partir de otra entidad que se llamaba Computing-Tabulating-Recording
Corporation, razón social que prefirió cambiar a la de International
Business Machines (Máquinas de Contabilidad Internacionales). Y es que la
IBM, posteriormente tan poderosa en este ramo, se distinguió al comienzo por
una serie de graves tropiezos y de indiferencia fundamental hacia los
computadores, que la dejaron casi fuera de competencia.
Desde 1943 y por espacio de unos años, la
IBM subvencionó los trabajos de investigación y perfeccionamiento del
matemático de Harvard, Howard Aiken, inventor de un computador
electromecánico, el Mark I, que llegó a ser utilizado por el Gobierno
norteamericano durante la II Guerra Mundial para el cálculo de trayectorias
de obuses. Pero Aiken y Thomas Watson, padre, el jefe de la IBM, tuvieron
serios altercados por motivos personales, tras lo cual IBM le retiró su
apoyo a Aiken. Desde entonces, el viejo Watson, escamado de los "científicos
universitarios", perdió interés en los computadores y su empresa no volvió a
entrar en juego en este campo hasta 1951. La verdad es que por esa época IBM
seguía vendiendo muy bien sus equipos de oficina y no necesitaba, o creía no
necesitar para nada, los computadores.
Pero ya desde 1942 había otras compañías
que se dedicaban denodadamente al perfeccionamiento de los computadores.
Entre ellas figuraba la empresa Eckert-Mauchley Computer Company. Eckert y
Mauchly eran, respectivamente, el ingeniero y el físico que habían inventado
el primer macrocomputador, el ENIAC (Electronic Numerical Analyzer and
Computer) y después el EDVAC (Electronic Discrete Variable Computer). Años
después, y faltos de fondos para proseguir sus investigaciones, Eckert y
Mauchley fueron absorbidos por la Remington Rand, a la que ofrecieron el
diseño de su nueva máquina, la UNIVAC (UNIVersal Automatic Computer), no sin
antes habérsela ofrecido también a la IBM, que la rechazó de plano, tal vez
por estar ya en aquel entonces reconcentrada en el Mark I de Aiken).
La primera máquina UNIVAC se estrenó públicamente el 4 de noviembre de 1952
para pronosticar con todo acierto, en un programa nacional de televisión, el
resultado de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos.) Hemos
subrayado en lo que antecede las empresas que en inglés llevan computer en
su razón social, para poner de relieve que ya en esa época se empleaba esta
denomicación casi exclusivamente. Antes se había utilizado también el nombre
de electronic calculator, para diferenciar a estas máquinas de las
calculadoras mecánicas de oficina, y más tarde se reservaría calculator para
las calculadoras de bolsillo provistas de microprocesador.
La Remington Rand logró vender otra de
estas máquinas UNIVAC a la Oficina Norteamericana del Censo, la cual desde
hacía 50 años venía comprando máquinas tabuladoras IBM a base de tarjetas
perforadas. Los computadores UNIVAC, en cambio, empleaban ya para el ingreso
de datos una cinta perforada ultrarrápida y, por otra parte, una línea de
retardo de mercurio para el almacenamiento de datos, además de utilizar
válvulas electrónicas en vez de relevadores electromecánicos.
Hasta la primera venta del UNIVAC a la
Oficina del Censo, la IBM se había desinteresado de los computadores. Salvo
la amarga experiencia con Aiken, la empresa seguía ciegamente ensimismada en
sus tabuladoras y otras máquinas de contabilidad y de ordenamiento de datos.
(sorters), que hasta entonces le habían proporcionado un pingüe negocio.
Pero cuando la Remington Rand empezó a recibir nuevos encargos de máquinas
UNIVAC, la actitud de ciertos mandos de la IBM cambió de repente. Entre
ellos figuraba de manera prominente Thomas Watson, hijo, recién nombrado
vicepresidente de la IBM y vástago del célebre presidente de la compañía. A
Watson hijo le entró el pánico al ver los progresos comerciales de la
UNIVAC, convencido de que los computadores electrónicos amenazaban acabar
con su propia compañía, a no ser que ésta tomase medidas de excepción. Instó
a su padre a que entrase de lleno en el nuevo ramo, pero el viejo Watson
seguía obtusamente encastillado en su negativa.
Sólo cuando el Gobierno norteamericano
instó a la compañía, con motivo de la guerra de Corea, a que pusiera a punto
un computador científico, accedió el viejo Watson. Pero no lo llamó computer
sino calculator (el Defense Calculator, Calculadora para la Defensa),
designándolo con el número de código 701. IBM seguía avanzando a
contracorriente, incluso en materia de terminología. Pero como veremos eso
es de gran importancia para el tema que nos ocupa. Corría el mes de abril de
1953.
Poco después, la IBM sacó una versión
comercial de aquella "calculadora" científica. Y un año más tarde, en 1954,
introdujo una máquina de producción en serie y de precio moderado, la modelo
650, con la que obtuvo su primer gran éxito en este ramo. No obstante,
mientras la competencia había adoptado ya casi universalmente la cinta
magnética como medio de ingreso y almacenamiento de datos, la IBM optó por
conservar las tarjetas perforadas que venía empleando tradicionalmente en
sus máquinas electromecánicas. En eso actuó con gran sagacidad comercial, ya
que contaba con una nutrida clientela de usuarios de tabuladoras y otras
máquinas de oficina alimentadas por tarjetas perforadas, y la nueva máquina
brindaba a sus clientes la oportunidad de pasar de la técnica
electromecánica a la electrónica sin dejar de usar las tarjetas. En dos años,
IBM vendió a sus clientes más de 1000 de esas máquinas. Conviene señalar que
tampoco las llamaba computers sino data processing systems, o lo que en
español dio en llamarse por esa época sistemas de elaboración o
sistematización de datos. Y sus buenas razones tenía la IBM, ya que esas
máquinas, junto con otras que denominaba record processors (procesadores de
datos registrados) hacían muy pocos o ningún cómputo, limitándose a componer--
a partir de datos calculados de antemano en las tarjetas perforadas--tablas
de datos, listas de nombres, direcciones, números de piezas, etc. En esencia,
estas máquinas, utilizando un programa interno, se encargaban de ordenar los
datos alfabética o numéricamente (sort ), clasificarlos (select) y ponerlos
en determinadas secuencias (sequence). Para la mentalidad de la IBM seguían
siendo tabuladoras que utilizaban tarjetas perforadas. Pero como eran
electrónicas, convenía darles otro nombre. De ahí data processing systems.
Así las cosas, la empresa empezó a exportar
estas máquinas a Europa y, no estando muy segura de cómo llamarlas allí, se
dirigió al profesor de la Sorbona, Jacques Perret, para que le propusiera un
nombre apropiado. Como el francés preguntara a su vez qué funciones
desempeñaban las máquinas, la IBM, a juzgar por el nombre escogido, debió de
explicarle que se trataba de máquinas que hacían más o menos lo que las
antiguas tabuladoras (pero que lo hacían electrónicamente), es decir,
ordenar datos, clasificarlos y ponerlos en secuencias para presentarlos en
determinada forma. Teniendo presente la fama sentada por IBM de una cierta
propensión a la arrogancia, es posible—no sabemos esto a ciencia cierta—que
ni siquiera le dijese a Perret que estas mismas máquinas u otras parecidas
de la competencia, se llamaban en EE.UU. computers.. El caso es que Perret,
ante la información proporcionada, bautizó la máquina con el nombre de "ordinateur",
vocablo que para lo que entonces hacía —ordenar u organizar datos, sin
transformarlos —, no estaba mal. Porque casi de seguro que si le hubiesen
dicho que se llamaban computers habría optado por calculateur o computeur.
Posteriormente, la IBM— mucho después que
la Wang, la CPT y otras empresas por el estilo—entró en el campo de los
procesadores de textos (word processors), que no eran sino computadores (incluso
fabricados por IBM) provistos de un programa especial que servía
exclusivamente para preparar, corregir e imprimir textos. La misma IBM sacó
una máquina de este tipo denominada Display Writer, provista de teclado,
pantalla y memoria magnética. Poco después, y ante la arrolladora pujanza de
computer en EE.UU. y en el resto del mundo (menos en Francia y España), IBM
capituló parcialmente al nombrar su primer microcomputador Personal Computer
(PC), que como sabemos no sólo hace cómputos sino todo lo que hacen los
demás computers. También en materia de microcomputadores, la IBM fue durante
mucho tiempo a la zaga de otras compañías (Xerox Parc, Apple, Radio Shack,
Commodore, Osborne, Sinclair) , pero con la introducción del Personal
Computer poco menos que acabó— temporalmente— con la competencia, excepción
hecha de la Apple Computer Company, y Radio Shack (Tandy) que siguieron
dándole guerra. La Compaq es otra empresa, formada por ex empleados de IBM,
que le lleva a ésta la delantera en innovaciones técnicas.
Como hemos indicado al principio, la
contienda entre "computador " y "ordenador" duró unos años en España, pero
la influencia decisiva en favor del último término se debió nuevamente a la
IBM, que en sus libros de instrucciones y manuales técnicos para España, así
como en sus programas y clases de capacitación para usuarios y técnicos (según
me han contado quienes asistieron a ellas), recomendaba, cuando no exigía,
el uso exclusivo de "ordenador". Al desapego histórico de IBM por computer (término
usado por su empresa predecesora y por la competencia) se unió ahora la
posibilidad comercial de presentar sus máquinas como cosas distintas ("mejores")
que los computers ofrecidos por sus competidores.
Los partidarios de "ordenador" alegan que "computador"
no es apropiado porque estas máquinas, además de hacer cómputos numéricos,
llevan a cabo operaciones lógicas y de ordenamiento de datos de diversas
clases. No se dan cuenta, quienes esto dicen, que "ordenador" es todavía más
limitado, ya que tiene su origen en máquinas electromecánicas que no
computaban nada sino que tabulaban--ordenaban en columnas--los datos que
llevaban ya calculados las tarjetas. La denominación de "ordenador" no sirve,
en rigor, para denotar la multitud de otras funciones, a menudo más
importantes que la de simplemente "ordenar", en las que todavía es necesario
"computar".
Los primeros computadores electrónicos
fueron más bien de carácter científico—se empleaban para computar las
trayectorias de los proyectiles y misiles; para cálculos astronómicos,
investigaciones de biología molecular, e incluso para modelar
matemáticamente la bomba atómica y la bomba de hidrógeno. En general se
trataba de máquinas digitales programables, cuyos usos múltiples dependían
del programa que se les introdujera. En su casi totalidad funcionaban y
funcionan a base de la notación binaria (es decir, emplean sólo las cifras 1
y 0 ) para denotar dos estados bien definidos: "todo o nada", "sí o no", "conectado
o desconectado", lo que se presta de perillas para la manipulación de datos
mediante interruptores y conmutadores mecánicos o electrónicos y circuitos
lógicos.
El fundamento del computador lo constituyen las operaciones aritméticas (suma,
resta, multiplicación, división, extracción de raíces, elevación a potencias,
comparación y selección mediante circuitos lógicos) y puede también trabajar
con toda clase de ecuaciones algebraicas y trigonométricas, integrales y
diferenciales, así como con imágenes de letras, de dibujos, pinturas,
gráficos, símbolos, música, etc.). Cabe resaltar que todas estas operaciones
han de realizarse indefectiblemente por previa transformación de la
información o imágenes al lenguaje de la máquina, es decir, a impulsos
binarios ("0" o "1") manipulados por el procesador central. No por nada se
llama ese procesador central "unidad aritmético-lógica". A nadie se le ha
ocurrido llamarlo "unidad ordenadora".
La diferencia fundamental entre ordenador y
computador está, pues, bien clara. El ordenador, en su acepción originaria
de los tiempos de las tabuladoras de tarjetas perforadas, ordenaba (sorted,
tabulated) los datos sin transformarlos, previamente. El computador no sólo
los organiza y ordena sino que antes los transforma, computándolos o
calculándolos. Al hacer con ellos operaciones matemáticas y lógicas (también
la Lógica es parte de la Matemática) como inversiones, progresiones,
combinaciones, conjunciones, disyunciones, conmutaciones y matrices, va
mucho más allá del simple ordenamiento de datos, función ésta que también
desempeña pero que constituye una parte muy pequeña de sus posibilidades
totales.
Los españoles y franceses, creídos tal vez
que con ello se independizaban en materia de Informática de la hegemonía de
EE.UU.(*), donde estas máquinas siguen llamándose computers, optaron por
aferrarse a una denominación no sólo anticuada (de la época de las
tabuladoras de tarjetas) sino impropia, porque ordenar no es lo mismo que
computar o transformar datos. La misma IBM ha acabado por llamarlos también
computers—por lo menos en EE.UU. Pero Francia, y sobre todo España, han
adoptado el nombre que les empapuzó una empresa norteamericana, la misma que
nunca pudo convencer a sus compatriotas de que llamasen a estas máquinas
algo parecido a lo que hoy las llaman franceses y españoles.
(*)Se podría conjeturar que, además de esta
consideración, ni a los españoles ni a los franceses les cae muy bien lo de
computador o computeur. Primero por cuestión de "sonido" y, segundo, por ser
también cierto que en español, y supongo que en francés, no es, o hasta
ahora no había sido, tan común como en inglés el uso de cómputo por cálculo.
Pero esto es harina de otro costal. Después de todo, computar viene del
latín com putare, que quiere decir "pensar", es decir "con pensamiento".
Además, habiendo aceptado la Real Academia (incluso antes que "ordenador")
los vocablos "computador", "computadorizar" "computar", "computista" y "cómputo"
en el sentido de calcular, cálculo y calculista, no se puede ser más papista
que el Papa.